Soy Narrador. Para funciones y presentaciones, contactarme al fono 996583864, o escribir a: ctorres1000@yahoo.es

martes, 10 de febrero de 2015

Narrador


Alguien me contó que unos narradores se fueron a una fiesta patronal. Era el aniversario de la Virgen de Lourdes. Era bastante la gente que había logrado la convocatoria de los organizadores. Los vecinos esperaban el inicio del espectáculo. La calle estaba tomada.

Comenzaron los títeres. Para muchos era la primera vez que veían el actuar de los muñecos. Rápidamente el público se sumergió en la trama. Ruido de mototaxi. Un tipo pasa cargando sobre los hombros un bloque de hielo, era el insumo para helar las cervezas. El Tata y otro narrador miraban las peripecias de Juancha y Mariacha, los personajes títeres.

Aplausos, y comenzaron los narradores. La jornada ya era larga, pero el público seguía allí.

Él como siempre sobrio y buen declamador trazó su historia usando las justas palabras. Aplausos. Vino ella provista de un paño de seda naranja con la que graficaba un imaginario campo de sembrío. Aplaudió el público. Vino después un narrador a contar sobre dos niños que se encontraban en el patio de la escuela a la hora del recreo y que hablaron de unos avioncitos. En eso se acercó un can, olisqueó al cuentista. Quizás el perro escuchaba no solo con los oídos, también con el olfato. Terminó el de los avioncitos y comenzó su contada el Tata.

Mi amigo Mario, narrador quechuahablante me preguntó una vez: ¿Qué significa Tata? Le dije que es: Abuelo. Mario agregó: ¿en qué idioma?

Le dije que era trato coloquial, de cariño. Que en Argentina se usa bastante. Que el libro Corazón tiene un cuento de título: El enfermero de tata.

El Tata es corajudo. El Tata narra con energía. El Tata narra con la voz, con la mirada, en fin, narra con todo el cuerpo. Va moviéndose al compás de las palabras. Para mí el Tata no declama, él danza palabras. En eso, el mismo can olisqueador se acerca a la carrera y ladra airadamente. Parece quiere atacar al cuentista. Tratan de sujetarlo. Le ponen un bozal pero es inútil, el perro sigue expresando su disconformidad.

¿Disconformidad?

¿Acaso no será que el cuadrúpedo quería también narrar?

Para mí que el chucho –que así se dice al perro en Centroamérica- diose cuenta que decayó el interés del público y sintió que un cuento no debería perderse, que las palabras son el espíritu y si el espíritu se pierde, pues las personas por más que se hablen, dejarán de entenderse.

El cuento siguió. El Tata narrando, el perro ladrando y el público escuchando.

Alguien me contó que esa noche los narradores hicieron escuchar los cuentos, y las palabras flotaron en el ambiente, y muchos las cogieron y las hicieron suyas. Sí, alguien me contó que fue una noche de sábado, en una calle que se llama Lourdes, como es el nombre de la Virgen.






(FIN)


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