jueves, 26 de febrero de 2015

Abecedario






Recuerdo cuando mi mamá me compró mi primer abecedario. Era muy sencillo, sin colores ni dibujos. Costó una peseta, osea veinte centavos, que mi mamá tuvo que separar de su escaso recurso. Era un cartón del tamaño de una hoja A4 y estaba impreso por los dos lados. En una cara llevaba las letras en mayúscula. En la otra las letras en minúscula.

En la parte inferior iban los números de un solo dígito en hilera.

Las letras son 29, pero el silabario tenía solo 28 casilleros. Un casillero era compartido por dos letras: La W y la X. Mi mamá me dijo que era porque esas letras no se usaban mucho.

Yo miraba las letras y me decía: Tengo que aprenderlas.

Salí para mi colegio. Era una escuelita sin valor oficial. De esas abundaban por esos años. Una señora daba clases de primeras letras en su casa. Creo los alumnos fuimos 8 niños. La maestra se armaba de paciencia y a cada uno nos enseñaba las letras primeras. Llegué a casa y mi mamá me hizo sentar en un cajón de madera que estaba en un pasadizo adonde llegaba la luz del sol. Aprovechaba la luz para leer mi cartilla y así iba haciendo mis progresos: A, B, C, La letra CH me era complicada. No digamos la Ñ. Llegar a dominar la W, fue como conseguir un doctorado en el abecedario.

Yo cada mañana me iba a mi escuelita. No tenía nombre. Era la escuela de la señora Lucha. Llevaba mi silabario, unas hojas sueltas y un lápiz con su borrador amarrado con pita para que no se me pierda. Todo mi utilaje iba dentro de un bolso de tela que mi mamá confeccionó.

Así empecé. Con mi abecedario que solo tenía letras mayúsculas y minúsculas, sin dibujitos, pero con sus veintinueve letras. Han pasado muchos años, y sigo aprendiendo.

(FIN)

Autor: Carlos Torres


Soy Narrador y Cuentacuentos. Para funciones y presentaciones, contactarme al fono 996583864, o escribir a: ctorres1000@yahoo.es

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