Soy Narrador. Para funciones y presentaciones, contactarme al fono 996583864, o escribir a: ctorres1000@yahoo.es

lunes, 1 de julio de 2013

Referendum







 
Colegio Ricardo Palma de Surquillo



En el año de 1970, cursaba yo el segundo de media en el colegio Ricardo Palma del distrito de Surquillo. Mi horario de clases era el que se llamaba “partido”. Asistía tanto en la mañana, como en la tarde. Mis compañeros y yo, Íbamos a nuestras casas para almorzar, y regresábamos a la escuela a las 3 de la tarde.



El director del colegio, era un entrañable señor. Han pasado tantos años, y todavía recuerdo su nombre completo: José Gabriel Rodríguez Figueroa. Era una persona muy culta. En una oportunidad durante las ceremonias cívicas que se efectuaban en el patio central, con todos los alumnos en formación, el director nos hablaba que en el Perú, habían tres clases de enemigos de una promesa de vida peruana: Los Incendiados, Los Congelados y Los Podridos. Impresionados le seguíamos la explicación. Tiempo después, aprendí que eso de los tres tipos de enemigos, fue un ensayo del historiador Jorge Basadre. Que tales maestros me tocaron en la escuela, eran de primera. Basta recordar al maestro José Sotillo, quien había formado un club de Astronomía y tenía equipada un aula, donde uno podía ver cine con películas sobre ciencia. También estaba el profesor Vargas y su club Herodoto para la enseñanza de la historia universal.



En el año de 1970, el director Rodríguez, fue trasladado a una dependencia del Ministerio de Educación. En su reemplazo, fue asignado al colegio un señor de apellido Dextre. Él implementó muchos cambios, pero bien visto, sus afanes no tuvieron otro objetivo que opacar la labor del antecesor. Dextre, fue creándose una atmósfera de rechazo.



Por esas épocas, algunos colegios particulares desarrollaban sus clases con el sistema llamado: Horario corrido. Los alumnos llevaban lonchera, y estudiaban desde las 8 de la mañana hasta las 3 de la tarde. La modalidad de ese horario fue propuesta por unos profesores para su aplicación en el Ricardo Palma. La idea comenzó a calar entre los estudiantes. Se evitarían los afanes de irse, para después retornar a la escuela en un mismo día. Esto de no regresar, era también una ventaja económica para los que nos desplazábamos en bus. Finalmente, los estudiantes, podrían estar más horas en casa para hacer sus tareas.



La idea de cambio de horario, fue objetada por el director Dextre. Él se oponía, y propuso lo siguiente: que los padres de familia decidan en votación el horario que debería usarse. Algo así como una especie de referéndum. Los padres en el periodo de una semana se acercaban al colegio y llenaban las respectivas tarjetas con su decisión.



La votación terminó. Un día viernes, a eso de las 4 de la tarde, tres mil alumnos estábamos formados en el patio. Se iba a conocer el desenlace del referéndum. El director parado delante del micrófono leyó los resultados: “Por la continuación del horario partido 1450 votos. Por el horario corrido 1475 votos”. Había también la existencia de votos en blanco.



Los alumnos gritamos, vitoreando el triunfo del horario corrido. Pero, no contábamos con la estrategia de Dextre, la máxima autoridad del colegio. Los alumnos le mirábamos. Todos los profesores también le miraban. El director anunció:”Veinticinco votos de diferencia, no es una mayoría absoluta. Por tanto, no se cambia el horario y se mantiene tal como está”.  Nos quedamos mudos. No esperábamos un mensaje así. Dextre ordenó: “Alumnos, vayan a sus salones. La reunión ha terminado”. Apagó el micrófono y colocó sobre el cabezal, y a manera de funda protectora, un pequeño bolso de tela.



No nos movimos. Nuestra respuesta de inmovilidad quizás era el afloro de un sentimiento de rebeldía frente a una actitud injusta. Fueron largos minutos de tensión. Algunos alumnos iniciaban lentamente su desplazamiento. En eso vimos que del grupo de profesores, uno de ellos, caminaba resueltamente en dirección a Dextre. Tenía una expresión de furia. Ya no nos movimos, parecía que iba a ver una pelea. El profesor, retiró el cobertor, encendió el micrófono, y se dirigió a los alumnos:



“Estudiantes Ricardopalminos. Hemos visto como se quiere torcer la voluntad de la mayoría de los padres de familia. Así que es de justicia, que se implemente en el colegio el horario corrido, que traerá beneficios a estudiantes y profesores, y que además permitirá hacer mejor las tareas de mantenimiento dentro del plantel. Así la diferencia fuera de un solo voto, pues gana la opción que consiguió la mayoría”



El maestro hizo un alto, para tomarse un respiro. Nosotros aplaudimos y gritamos a su favor. El continuó:



“Por eso alumnos, debemos hacer prevalecer lo que fue la voluntad de sus padres. El horario corrido es un hecho”.



Nosotros gritamos: ¡Viva el horario corrido! Aplaudimos al valiente maestro que dijo lo que queríamos escuchar. Recién allí, fuimos a nuestros salones, comentando lo que nos había tocado presenciar esa tarde.



Estábamos en las aulas, pero los profesores demoraban su llegada. Pasados unos quince minutos, ingresó el profesor, quien nos dijo: “Se suspenden las clases. Deben ir a sus casas. Todos los maestros vamos a tener una reunión de urgencia en el auditorio del tercer piso”. Así que salimos. Caminamos hacia el patio. Todos los alumnos se retiraban. Vimos a los profesores que se dirigían al tercer piso y de entre ellos distinguimos al valiente que había tomado la palabra en contra de Dextre. Cuando lo vimos asomarse a una ventana, gritamos: ¡Viva!  El contestó alzando la mano en señal de victoria. Había nacido un líder.



Mientras salíamos hacia la calle, unos alumnos comunicaban una consigna: “El lunes se viene, pero no se entra al colegio”. Vaya usted a saber, como se había “forjado” el comité de lucha de los estudiantes.



Llegó el lunes. La puerta lateral que se usaba como ingreso al colegio, estaba copada por una multitud de estudiantes gritando: ¡No entrar. No entrar!  Yo fui de los que optó por ingresar al local de la escuela. El director en otra muestra de su intransigencia, y de su malhadado proceder, había ordenado al personal de limpieza, conserjería y mantenimiento, que se proveyeran de un palo, y que se formaran a manera de “callejón oscuro”. Cada alumno que decidía ingresar, atravesaba el “callejón” escuchando de los armados con un palo lo siguiente: “El que entra, ya no sale”.



Los pocos que entramos, no tuvimos clases. Se vivía un ambiente muy tenso. Los alumnos que se quedaron fuera, al cerrarse la entrada lateral, se trasladaron al ingreso principal que da a la Avenida Angamos. Allí las puertas del colegio eran de vidrio. Se escuchaban silbidos y de un momento a otro, una lluvia de piedras comenzó a destrozar las lunas de puertas y ventanas.



A la carrera, nos hicieron salir por la puerta lateral. Antes nos avisaron que las clases se suspendían por tres días. Ya en la calle, me dirigí a la Angamos. Allí los estudiantes que atacaron al colegio, también se noticiaron de la suspensión de clases. Era tal la cantidad de uniformados de comando, que invadimos las dos vías de la avenida. Los autos y ómnibus no sabían por donde avanzar. Nosotros marchábamos hacia la avenida Panamericana. Una señora me preguntó: “¿Qué pasa? ¿Por qué tantos alumnos a esta hora de la mañana?, son las 10. Deberían estar estudiando”. Yo le conté lo del horario corrido.



Al día siguiente, lo sucedido en el Ricardo Palma, fue titular de dos diarios: “¡Estudiantes desatan caos en el colegio Ricardo Palma de Surquillo!”. “Turba de estudiantes genera violencia en Surquillo”. Pasados los tres días de suspensión, y vueltos ya al colegio los profesores en las aulas comunicaban las decisiones del director: El horario de clases no se modificaba. El profesor que contra la voluntad del director, hizo uso de la palabra soliviantando a los alumnos, fue separado del colegio.



Ese fue el final de nuestra “primavera” de modificación de horario de clases. Hay dos cosas que es necesario contar, para que esta historia pueda completarse. Pero más que completar, es el compartir, los guiños y las mofas que te da la vida. Una de ellas es referida a la norma que dictó el gobierno en enero de 1971: “El Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, considerando que la educación es un derecho, decreta a partir del presente año lectivo, que los locales escolares se utilicen con mayor eficiencia. Por tanto, se establecen dos horarios de estudios: Turno mañana con hora de entrada 7:45 AM y hora de salida 13:00 horas. Turno Tarde: con hora de ingreso las 13:30 horas y salida las 18:30 horas. Los militares gustaban de expresar las horas así con esa solemnidad: “trece con cero y cero horas”. Es decir, si se hubiera implementado el horario corrido, pues este desparecía  debido a la orden ministerial.



La otra es contarles el nombre del maestro que con energía nos dirigió su palabra de protesta. Esa que nos encendió el entusiasmo, y que por su acción, fue cesado. Su nombre era: Hugo Chávez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada