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domingo, 7 de julio de 2013

El Bagrecico



Hola amigos de Narracentro. Hoy comentando sobre un comic de hechura nacional cuyo autor es Jhonny Becerra Becerra, quien ha publicado una versión ilustrada del cuento: El Bagrecico del autor Francisco Izquierdo Ríos.




En mi opinión es la versión ilustrada de mejor factura que he podido leer a la fecha.

Aquí una versión (no la textual) del relato: El Bagrecico.


En medio de la selva en un riachuelo de aguas claritas y rodeado de muchas piedrecillas, vivía una comunidad de peces bagres, de aquellos de piel un poco naranja y que poseen grandes barbas. Un viejo bagre, relataba a los peces niños, que el conocía el mar. Contaba su historia y todos con mucha atención le escuchaban.

Un día, un bagrecico se acercó al narrador y le dijo: "Abuelo, yo quiero conocer el mar". El anciano contestó: "Cuando yo tenía tu edad, fue cuando inicié mi travesía hacia el mar". Así que una noche, a la luz de la luna, el viejo bagre, daba lecciones y consejos el pequeño aventurero. Casi ya al amanecer se despidieron. Se dieron un abrazo. El bagre mirándolo a los ojos le dijo: "Tienes que volver".

El bagrecico se deslizó río abajo, hasta llegar a un punto donde se unía con un río más grande. Este tenía una mayor corriente y el recorrido estaba plagado de muchas curvas, como si fueran mil vueltas. Luego entró al cauce de otro río aun mayor. Este tenía unas fuertes corrientes y caídas de agua. Apareció una catarata, el bagrecico dudaba en seguir. Tardó unos segundos, luego se lanzo a las aguas que abundaban en espumas, y sentía que caía de una gran altura. Ya abajo, su cuerpecito pasó muy cerca de una filuda roca. El río se volvió manso. El nadar fue ya más placentero. La corriente llevaba suavemente al amigo. De pronto, vio una aldea. Eran las casas donde vivían los humanos. Recordó lo que abuelo le dijo: "Cuidado con lo que comes". Cerca ya del pueblo, había un pequeño muelle y sobre el muchas personas provistas de redes y cañas de pescar. El bagrecico vio un apetitosa lombriz. A la carrera se abalanzó para devorarla, pero instantes antes de tocar la presa, se dio cuenta que había un pequeño hilo que subía a la superficie, y de allí, a la sonrisa de un pescador, esperando que el animalito pique y muerda el anzuelo.

Siguió avanzando el bagrecico y el río se juntaba con otro aun mucho mayor. Este tenía ya aguas muy turbias. Se asustó, pero nuevamente  el deseo de conocer al mar lo impulsaron a continuar. Aquí en el río pudo ver manatíes y bufeos, también anguilas eléctricas y otros peces mayores. Luego de unos tres días de viaje por este río de aguas turbias, vio que se juntaba con una río inmenso, tan ancho que no se podían ver las orillas. Recordó que el abuelo le dijo que en este río vería casas flotantes inmensas y peces paiche de más de 6 metros de largo. Que mejor viajara de noche, a la luz de la luna.

Una tarde de lluvia, mientras el bagrecico nadaba y nadaba, observó que un gigantesco pez zúngaro le seguía. Aquel era fuerte y veloz. Nuestro amigo sentia que ya era alcanzado, Las fuerzas no le daban para mas. De pronto vio una pequeña cuevita oculta por una cañada y allí se metió. El zúngaro pasó de largo, luego regresó buscando a su presa, pero al final desistió. Avanzaban los días y noches, nuestro amigo seguía su viaje. Una mañana, decidió sacar su cabeza del agua y disfrutó de un amanecer.

Luego de varias semanas de nadar y nadar, una noche escuchó un fuerte murmullo. La luna estaba en todo su esplendor. El ruido se volvió ensordecedor, había llegado al mar. Logró su sueño. El mar le bañaba con su espumosa y salina agua. El bagrecico nadaba de espaldas y también saltaba fuera del agua. Había llegado al mar.

Inició el camino de retorno. Tuvo que nadar contra la corriente, desde el inmenso río y luego en el río de aguas turbias, para después llegar al cauce de las mil vueltas. Una mañana, reconoció que estaba ya en el riachuelo de aguas claritas. Había llegado a casa. Pero no reconocía a nadie. a el le habían crecido unas barbas muy largas. Entonces comenzó a nadar en zig zag y a comentar a los peces niños, que el conocía el mar. Los bagreccos le escuchaban, y así, uno se acercó y le dijo: "Abuelo, yo quiero conocer el mar", nuestro amigo le responde: "Cuando yo tenía tu edad, partí a conocer el mar".
(FIN)

Amigos, en más de una ocasión, me he sentido como El Bagrecico, que debe andar o nadar aún a contracorriente, para lograr su objetivo.

Saludos.


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