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viernes, 14 de junio de 2013

Grimanesa


Se conocieron en un parque, un jueves por la tarde, de un mes de enero. Al despedirse, él le entregó una rosa. A la semana siguiente, volvieron a coincidir. Conversaban, sonreían. Nuevamente al despedirse, él le entregó una rosa.

Y era que en ese parque había un rosal que cuidaba un jardinero municipal. 

Luego de algunas semanas, él como siempre, la esperaba. Ese día iba a declararle su amor. Ella no llegó. A la semana siguiente, tampoco apareció. Nunca más volvió. No obstante, él siempre puntual, semana a semana iba al mismo parque en la esperanza que llegara. 

Pasó mucho tiempo, y de tanto ir al parque, terminó por hacerse amigo del jardinero, y aprendió a cuidar el rosal. Ya no solo iba los jueves sino toda la semana. Al tocarle el retiro al jardinero municipal, pues él, le reemplazó.

Día a día, trabajaba con ahinco en el cuidado del rosal. Este se extendió por todo el parque. Todos se quedaban admirados de lo que el nuevo jardinero había logrado. Estaban allí La Rosa Príncipe Negro, La Rosa Alba, La Rosa de China, las de pétalos amarillos, las blancas y también las rosas rosas.

Mucha gente pedía una rosa en obsequio. No se sabe como, pero se estableció un rito: cada jueves por la tarde, a eso de las cinco, las personas acudían al parque, ya que ese día obtendrían una flor de regalo. Y así fue por muchos años.

Un día se apareció una señora, quien dijo trabajar en una casa y pedía una rosa de regalo para su patrona. Obtuvo su obsequio, y su solicitud se repitió al siguiente jueves y así por varias semanas. Alguno dijo: “si a la patrona le gustan las rosas, debería ella misma venir a pedirla”. La señora por todo comentario dijo: “Esta es la última vez que vengo. Ya no voy a trabajar en esa casa”.

Hasta que un día, apareció una señora de blanco cabello, iba en silla de ruedas, y era acompañada de una muchacha. Sucede que la joven no conocía el parque y por eso la señora de blanco cabello, le indicaba la ruta.

El jardinero la vio, y dijo su nombre: ¡Grimanesa!

Era ella, la dama de blanco cabello, era la chica a la que en otro tiempo iba a declararle su amor. Ella no acudió a la cita, debido a que ese día tuvo un accidente que la obligó a usar una silla de por vida. Luego, ya no quiso presentarse así ante él joven de la rosa.

Ahora, cada jueves, él, se acompaña de Grimanesa, para celebrar el rito del obsequio de la rosa.


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