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jueves, 18 de diciembre de 2014

Villancico: El Tamborilero


Tiempos estos, que entre el fragor de las carreras y los estreses, el espíritu nos llama también a la reflexión. Al recuerdo. Al reunirse en familia. A celebrar. A animarse. A reir. Pero a veces también a llorar de nostalgia y pues de esperanza también se echan unas lágrimas.

De niño vi en la televisión un cuento, que terminaba con una canción. La técnica de las imágenes usaba muñecos de madera que en cada toma iban desplazándose para efectuar sus acciones. Como extraño esas escenas. Buscando en la I-net, hallé un video. Yo, digo hallé y no encontré, porque casi que me parece como un tesoro: El Tamborilero.

El niño es guiado por la luz de la estrella. Un burrito y una ovejita lo alientan a continuar. LLeva el niño por toda pertenencia un viejo tambor. Es que el es un tamborilero. El niño toma prisa en su caminar para llegar prontito a Belén.

Ante el pesebre, todos dejan sus regalos. El niño desea tener un presente para dejar en honor del recién nacido. Con lo que cuenta para ofrendar es su profesión, su trabajo, y aunque suene a ronco, que no de otra manera es el sonido de un tambor, Dios le sonrió.

La Wikipedia, registra que el origen de esta canción, es una leyenda checoslovaca. Menciona también que la historia del tamborilero, tiene mucha relación con el relato de Anatole France: El juglar de la Virgen.

Amigo lector, ese a mi entender es el mensaje de esta canción. El niño, ofrece como mayor tesoro, su cotidiano trabajo. Que hermosa lección.

Cualquiera que sea la idea que tengas acerca de Dios, Feliz Navidad, amigo lector.






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domingo, 14 de diciembre de 2014

Imaginación





Hoy quiero ponerme a imaginar como lo hacía la "Niña de los Fósforos" de Andersen. 

Enciendo un palillo y la imaginación me hace ver un país que busca el desarrollo, y no solo el crecimiento.

Enciendo un segundo y veo que en el Perú, se cumplió el deseo del poeta Maya Quiché Humberto Akabal: "Como deseo que llegue el día, cuando en este país, todos anduvieran armados, de un libro"

Fulgura un tercer palito y veo que se puede caminar con paz en las calles de las ciudades del Perú. Que la radio no me grita con su programación, y que la televisión ya no embrutece a los televidentes.

Prendo un cuarto palito y veo sonrisas de niños, de jóvenes de mayores. De hombres y mujeres que se sienten libres. 

El quinto palito me hace ver una patria llena de poesía.

(FIN)
Carlos Torres

Nota: La imagen es del BLOG: zonadecultura.blogspot.com


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lunes, 8 de diciembre de 2014

La dignidad de la gorra







Un titiritero que iba de paso por la patria se presentó en un parque de la ciudad una tarde de viernes en este mes de diciembre. El público miraba sorprendido, tal parece era la primera vez que tenía una experiencia de ver teatro de muñecos.

Ya al final del espectáculo, el titiritero anuncia que pasará una gorra y que toca a los espectadores compartir con el artista, tal y como el compartió su habilidad. Era lo justo.

Una niña conversa con una persona adulta. Era al parecer su acompañante:
-¿Porqué pasa la gorra? ¿Es pobre?
-No se.

El espectáculo en mi opinión había sido perfecto. Invitaba al disfrute. A la risa. A pensar. Había mucha riqueza en el escenario.

El titiritero no era pobre. Era rico en bondad. No había holgura económica en su presentación, pero él desde su escasez estaba siendo generoso con quienes tuvieron la suerte de estar ese día y llevarse un poquito de humanidad.

¡Señores, la gorra tiene dignidad!

(Carlos Torres)


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domingo, 7 de diciembre de 2014

Fernando






A ciudad Resistencia, capital de la provincia Argentina de El Chaco, una noche llegó un cantante callejero. Provisto de una guitarra y acompañado de un perro solicitaba posada en un hotel. Fue admitido con la condición de que no tocara y que su perro no ladrara. A los dos días el cantante murió. De él solo se sabía su nombre: Fernando.

Una familia se ofreció en adoptar al chuskito. Pero este no se dejó llevar. Optaba por ser libre y vagar por las calles.  La gente lo bautizó como Fernando. Pasaron los días y terminó ganándose el cariño de la población. Toda la ciudad lo quería.

Fernando tenía una particularidad. Mejor dicho poseía un don: su desarrollado oído musical. Es por esto que su presencia era muy apreciada en cuanta fiesta se organizara, sea esta casamiento, cumpleaños, bautizo o efemérides de la nación. Fernando entraba y se acomodaba cerca de la orquesta. Si juzgaba que el sonido era atractivo movía la cola. Pero si descubría que la orquesta erraba el tono de la música movía sus orejas, soltaba gruñidos y se marchaba. Era tal la fama del cánido que los mismos músicos aceptaban que habían torcido el ritmo. En fin, la presencia de Fernando era siempre bienvenida, sobre todo en Navidad, ya que era tomado como signo de buen augurio.

Nadie sabía si Fernando se aparecería por alguna fiesta. El era libre. Acostumbraba a tomar desayuno en las oficinas de un banco. Almorzaba gracias a la generosidad de los empleados de un restaurante y en las noches solía acudir al bar La Estrella. 

Dicen llegó una vez a Resistencia un pianista polaco, de apellido Paderewsky, quien daría un único concierto en el teatro de la ciudad. Antes de que se inicie su presentación, apareció Fernando y se ubicó debajo del piano. Se tuvo que explicar al músico el porque de la presencia de perrito. Comenzó el polaco y casi al final de su muestra equivocó dos notas. El perro gruñó. El concertista acarició al crítico y repitió toda su ejecución y esta vez sin errar nota alguna.

Un día Fernando, se fue al cielo. La ciudad entera lo lloró. Los de Resistencia, perennizaron su memoria erigiendo un monumento en el lugar donde fue enterrado. Tiempo después en épocas de la dictadura militar, la autoridad de la ciudad inauguró un monumento de bronce. Cosas de la vida. La figura del perrito quedó dispuesta de tal manera que daba las espaldas al local de la gobernación, con la cola levantada, mostrando el culo. Así de libre era Fernando.

(FIN)

Esta glosa es de autoría de: Carlos Torres


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viernes, 5 de diciembre de 2014

Adios cordera




fuente: alfabetodeauroras.blogspot.com


Hola amigos. Tuvo una conversa con Martín, un amigo titiritero. El tema era sobre las nacionalidades de los relatos y de que aquí en nuestro medio, hay la circulación de muchos cuentos que hablan de realidades que en buena cuenta nos son extraños. Aquí va:

Hay un hermoso cuento que comienza así:

"¡Eran tres, siempre los tres!: Rosa, Pinín y la Cordera"

Rosa y Pinín eran dos hermanos que en su niñez, cuidaban de su vaca llamada por ellos: Cordera. Esta es una historia escrita por el español Leopoldo "Alas" Clarín. Es un bello relato, un cuento muy humano. Confieso, que la primera vez que lo leí, sentí como un calorcillo en la garganta.

Que bueno sería que este relato se pudiera convertir en una obra de títeres. 

Que hermosa experiencia es su lectura. Ojalá que muchos niños y también adultos tuvieran acceso a esta historia.

Los relatos son patrimonio de la humanidad. Tan buenos son los de origen asiático, como los africanos o los de origen americano. Y que va, si están plagados de duendes, elfos, princesas o cenicientas. Que importa sean relatos druidas o visigodos o de héroes turcos. En mi opinión no los hace inválidos para su representación en el teatro de títeres para nuestro medio.

Quizás el lobo es mas conocido, no solo por el relato de Caperucita Roja. El cine lo ha tenido en mas de una oportunidad como protagónico. Recordemos cuantas películas se han hecho sobre la licantropía o el llamado: Hombre Lobo. También la pantalla de televisión, es muy fuerte en su influencia. Es un vehículo de entretenimiento y también de cultura, pero también, crea ídolos y referentes: Elabora "realidades" y perdón por la expresión: Hasta embrutece. Creo que ese es el medio que contribuye a quitarnos identidad y en la televisión es muy popular el lobo.

Mi amigo Martín, titiritero él, me contó una experiencia que tuvo en una función de títeres en Huancayo. El mostraba un muñeco que era un zorro andino. Los niños de Huancayo, cuando observaron en el teatrino a un muñeco de vaporosa cola, pensaban que era un lobo (a quien ven en la televisión) y no un zorro. Es casi seguro, que nunca hayan visto un zorro, el cual probablemente esté casi extinto en muchos de los parajes andinos. Yo solo en una oportunidad he visto a un pequeño zorro de cola roja, el cual como rayo corrió a esconderse entre los arbustos. Bueno también he visto a los zorros del parque zoológico.

Hace unos años vi una representación de títeres en Ciudad Guatemala. La obra contaba sobre las diferentes leyendas urbanas, que la tradición guatemalteca tiene. Cada historia, era protagonozada por un personaje: La llorona, Pies de Lana, La Tatuana etc. Los niños que estaban de espectadores, a cada aparición del personaje, mencionaban los nombres. Yo los escuchaba y eran como mis guías para ir entendiendo la historia. Esos niños no eran ajenos a los relatos tradicionales de su país, y eso en mi opinión forja la identidad.

Martín, amigo entiendo el propósito de lo que escribes sobre el lobo, que está en todo lados: en la TV, en el cine, en la literatura, en las obras de títeres. Como peruanos, necesitamos vernos más, pero creo que esa necesidad no se contradice con el conocer la tradición de otras latitudes.

El lobo, es visto como feroz, violento, sanguinario. Ese es el estereotipo. En cambio en los relatos donde el zorro interviene -y hay muchos cuentos andinos que lo tienen de personaje- este es ducho en estratagemas, en confundirte, en mostrar la habilidad que tiene para lograr sus objetivos.

Es mi opinión. Los relatos son de dominio universal. Quizás el reto es hacer los nuestros mas atractivos, mas lúdicos. Lo digo humildemente, que de títeres se mas como expectador, que como titiritero.

Saludos

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jueves, 4 de diciembre de 2014

Candado del amor






Este era un herrero que se iba quedando sin trabajo. Para intentar lograr clientes pues decidió ubicarse junto al puente que daba acceso a la ciudad. En un pequeño tablero dispuso su mercadería. Se mostraban candados de bronce y de hierro, a estos últimos los había pintado de colores rojo, verde y azul.

Pasaban los transeúntes pero ninguno se interesaba por las cerraduras. Al herrero se le ocurrió colocar un pequeño cartel en la baranda del puente, baranda hecha de una gruesa malla de acero. El cartel decía: CANDADOS CON AMOR. En realidad quiso escribir: CANDADOS HECHOS CON AMOR, pero el cartel era pequeño y pues la letra no le hubiera salida de buen tamaño. Para colgar el letrero no encontró mejor manera que atarlo con un candado. 

Cogió un candado de los que tenía el grillete más largo. Abrió la cerradura y enlazó a la malla la perforación que tenía su letrero. Cerró el candado, y al momento de sacar la llave pues esta cayó de sus manos y al rió fue a parar. El herrero se quedó mirando los pequeños círculos de ondas que sobre la superficie había dejado la llave al sumergirse en el río. Así se estuvo un gran rato, hasta que una pareja de enamorados lo sacó de su postura al preguntarle si algo lo aquejaba. El de los candados volteó y al mover su cuerpo descubrió una parte del letrero donde se alcanzaba a leer: CON AMOR. Les dijo que era herrero y que acababa de aventar una llave al río.

Los enamorados sonrieron. Se miraron entre si. Se hicieron un guiño, y solo con las miradas acordaron una decisión, y es que cuando el amor está, poco se necesitan las palabras. Se acercaron a la mesa de los candados cogieron uno, y con una cuchilla escribieron sus nombres sobre el cuerpo del cerrojo de fierro. Después lo colocaron en la malla del puente y arrojaron la llave al río. Mientras miraban las ondas que se formaban en la superficie, sellaron su acción con un beso. Pagaron la cerradura y se marcharon.

Al día siguiente llegó el herrero, puso la mesa con su producto, y comenzaron a llegar parejas que adquirían sus candados. Escribián sus nombres y los ponían en la malla del puente. Luego arrojaban la llave al río. Fue así durante todo el día. El herrero miraba sorprendido lo que ocurría. 

Pasaron muchos meses, el herrero ya no estaba en el puente. Tuvo que partir a otra ciudad, pero en la malla de la baranda habían cientos y hasta miles de candados. Cada uno con los nombres de las parejas. Mirado de lejos se veía un espectáculo sin igual. Una baranda llena de cerraduras que aseguraban el amor. 

Son ya miles los amantes que han dejado el peso de su pasión sobre los hombros de la baranda del puente. Nadie sabe como se inició este rito que pretende eternizar el amor.

(FIN)
Autor: Carlos Torres

La ilustración es de la página: www.siempre-lindas.cl 


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miércoles, 3 de diciembre de 2014

El uso de arquetipos en la conformación de los relatos






Hace muchos años, leí un artículo en el diario El Comercio. Aún recuerdo el título: “Lenin, no es el arquetipo”. A la fecha he olvidado el contexto político del Perú de esa época, pero lo que me llamó la atención fue la palabra: Arquetipo. Pese al tiempo transcurrido mantengo el interés en el significado de esa palabra. Sea esta entonces mi inicial oportunidad de poder descubrir acerca de lo que ella quiere decir.

De acuerdo al diccionario de la RAE, se define Arquetipo como: 

-Modelo original y primario en un arte u otra cosa. 
-Punto de partida de una tradición textual. Representación que se considera modelo de cualquier manifestación de la realidad.
-Imágenes o esquemas congénitos con valor simbólico que forma parte del inconsciente colectivo.
-Tipo soberano y eterno que sirve de ejemplar y modelo al entendimiento.

Comencemos afirmando que los arquetipos son construcciones de ideas que abordan conflictos como: lucha del bien y el mal, la felicidad o la infelicidad, el éxito o el fracaso. Estas construcciones de ideas son la base de los mitos y relatos de todas las culturas y sociedades. El protagonista del mito o del relato se moverá entre los extremos de lo que es anhelado, y de lo que es no deseado. Finalmente el protagonista mediante la ejecución de una acción llegará a tener suceso o tal vez no, y por tanto falle. Logrará la victoria, o le ganará la derrota.

Un ejemplo de arquetipo es la realización de un viaje. Otro arquetipo es la necesidad de tener confianza. Uno más es el afronte de una aventura. El realizar algo fuera de lo común también forma una estructura de arquetipo. También es arquetipo la noción de pertenencia, o sea la identidad.

En casi todo cuento hay un viaje, un partir, un abandonar lo conocido. El dejar la seguridad que da la familia por ejemplo. Me pongo a pensar en: Diarios de Motocicleta, que es la travesía de Ernesto Guevara desde Argentina hasta Venezuela, pasando por Chile y el Perú. Él protagonista dejó en su tierra natal una vida que aparentemente se iba a desarrollar sin mayores sobresaltos. A cambio, cada día su vida estará llena de sucesos impredecibles. 

Pongo otro ejemplo: El Bagrecico, cuento de Francisco Izquierdo Ríos. El pececito abandona la tranquilidad de las cristalinas aguas del pequeño arroyo de la selva alta y partirá sorteando peligros, todo ese esfuerzo en busca del mar. Muchas veces me he sentido identificado con este cuento. Es heroíca la acción del pez. El decide a ser canto rodado y que la vida lo vaya redondeando a golpes, pero como premio a esa decisión, conocerá nuevos horizontes.

El “creer para ver” como oposición al conocido “ver para creer” también protagoniza la estructura de un relato. Me refiero al confiar en la palabra empeñada. Cito aquí: El Alacrán de Fray Gómez del tradicionalista Ricardo Palma y, porque no anotar también la escena del Cantar del Mio Cid, cuando este acude a los prestamistas Rachel y Vidas y deja como prenda un carretón con cobertor, cargado solo de piedras.

Una aventura, transcurre en lugares fantásticos, en islas remotas, en los confines de lo conocido, y aún más allá. La Odisea es un ejemplo de ello. El relato del arribo de Naylamp a las costas del norte del Perú es otro buen ejemplo. 

Durante el transcurso de un relato, el protagonista debe hacer frente a las consecuencias de su decisión y así pasará por una suerte de aprendizaje ocurriendo una acción de Pascua, que es lo que le pasó a Moisés luego de atravesar el Mar Rojo. La parábola del Padre Misericordioso o más conocida como del Hijo Pródigo, nos brinda otro ejemplo. El protagonista decide disfrutar del mundo, reclama sus riquezas, pero estas rápidamente se acaban. En medio de su penuria reacciona y se dice que partirá a la casa de su Padre. Este le espera y por tanto se prepara y sale a su encuentro.

Son muchas las estructuras que conforman los relatos. Estas estructuras son universales y por tanto son del dominio de todas las poblaciones. Por ejemplo: la actitud de heroicidad que tienen los protagonistas de los cuentos. No solo de aquel que hace frente a dragones fabulosos, sino de aquellos que tienen el coraje de ir contra lo que la gente proclama y dice que debe ser. Sobre esto último anoto aquí el cuento: El oso que no lo era, de Frank Tashlin

Volviendo a la definición de Arquetipo, reitero que son como patrones de comportamiento. Son las formas en las que la conciencia humana experimenta el mundo y también son los matices de como el hombre se percibe así mismo.

Partiendo de lo citado en el párrafo anterior, reafirmo que siendo los patrones de comportamiento comunes a toda la humanidad, es decir que se repiten y están presentes en todas las latitudes,  pues los cuentos en sus textos también se repiten. La tradición del “Alacrán de Fray Gómez” es perfectamente similar a: “El milagro de la lagartija de esmeraldas”. El primer relato transcurre en la Lima Virreinal, el segundo en Ciudad Antigua Guatemala, también en la época de la colonia. Se trata de dos relatos muy similares que se desarrollan en lugares situados a más de cuatro mil kilómetros de distancia. 

Nuestro laureado escritor Mario Vargas Llosa tiene en su novela “Lituma en los Andes”, un relato que cuenta como una comunidad encara la amenaza del Pishtaco. La manera en cómo se resuelve la trama del cuento es muy parecida a la que tiene el mito del Minotauro de Creta. La primera historia ocurre en los andes peruanos y en un tiempo más o menos contemporáneo. La otra ocurre en los tiempos de la cultura Helénica.

Un compañero cuentista, nos comparte el relato de un africano que gracias a las habilidades de una mujer nacida del huevo de una avestruz, logra riquezas y poder, pero finalmente las pierde por la acción de su torpe comportamiento: ingratitud. Una cuentista brasileña quien llegó al Perú para participar en el festival: “Todas las palabras todas”, relata en su intervención un cuento que tiene como protagonista a una muchacha muy pobre quien recogía agua en un arroyo donde se le aparece un pez mágico y este pez le procura riquezas. Nuevamente por una actitud de torpeza lo pierde todo. Es en realidad un comportamiento de ingratitud. La cuentista al final de su historia señaló que era un relato recogido en la ruralidad brasileña.

Como conclusión expongo, que he descrito tres ocurrencias de relatos que se parecen en su estructura y en su argumento. Sociedades distantes geográficamente, de contextos muy diferentes y de tradición no igual, pues crean relatos muy similares. Los arquetipos hacen evidente su universalidad y confirman que su presencia no conoce fronteras.

(FIN)

Nota: El texto de arriba fue mi ponencia en el 2do encuentro de Patrimonio Vivo, realizado en Lima los días 24, 25 y 26 de noviembre del 2014 en la casa de Riva Aguero.


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