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domingo, 7 de diciembre de 2014

Fernando






A ciudad Resistencia, capital de la provincia Argentina de El Chaco, una noche llegó un cantante callejero. Provisto de una guitarra y acompañado de un perro solicitaba posada en un hotel. Fue admitido con la condición de que no tocara y que su perro no ladrara. A los dos días el cantante murió. De él solo se sabía su nombre: Fernando.

Una familia se ofreció en adoptar al chuskito. Pero este no se dejó llevar. Optaba por ser libre y vagar por las calles.  La gente lo bautizó como Fernando. Pasaron los días y terminó ganándose el cariño de la población. Toda la ciudad lo quería.

Fernando tenía una particularidad. Mejor dicho poseía un don: su desarrollado oído musical. Es por esto que su presencia era muy apreciada en cuanta fiesta se organizara, sea esta casamiento, cumpleaños, bautizo o efemérides de la nación. Fernando entraba y se acomodaba cerca de la orquesta. Si juzgaba que el sonido era atractivo movía la cola. Pero si descubría que la orquesta erraba el tono de la música movía sus orejas, soltaba gruñidos y se marchaba. Era tal la fama del cánido que los mismos músicos aceptaban que habían torcido el ritmo. En fin, la presencia de Fernando era siempre bienvenida, sobre todo en Navidad, ya que era tomado como signo de buen augurio.

Nadie sabía si Fernando se aparecería por alguna fiesta. El era libre. Acostumbraba a tomar desayuno en las oficinas de un banco. Almorzaba gracias a la generosidad de los empleados de un restaurante y en las noches solía acudir al bar La Estrella. 

Dicen llegó una vez a Resistencia un pianista polaco, de apellido Paderewsky, quien daría un único concierto en el teatro de la ciudad. Antes de que se inicie su presentación, apareció Fernando y se ubicó debajo del piano. Se tuvo que explicar al músico el porque de la presencia de perrito. Comenzó el polaco y casi al final de su muestra equivocó dos notas. El perro gruñó. El concertista acarició al crítico y repitió toda su ejecución y esta vez sin errar nota alguna.

Un día Fernando, se fue al cielo. La ciudad entera lo lloró. Los de Resistencia, perennizaron su memoria erigiendo un monumento en el lugar donde fue enterrado. Tiempo después en épocas de la dictadura militar, la autoridad de la ciudad inauguró un monumento de bronce. Cosas de la vida. La figura del perrito quedó dispuesta de tal manera que daba las espaldas al local de la gobernación, con la cola levantada, mostrando el culo. Así de libre era Fernando.

(FIN)

Esta glosa es de autoría de: Carlos Torres


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