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jueves, 4 de diciembre de 2014

Candado del amor






Este era un herrero que se iba quedando sin trabajo. Para intentar lograr clientes pues decidió ubicarse junto al puente que daba acceso a la ciudad. En un pequeño tablero dispuso su mercadería. Se mostraban candados de bronce y de hierro, a estos últimos los había pintado de colores rojo, verde y azul.

Pasaban los transeúntes pero ninguno se interesaba por las cerraduras. Al herrero se le ocurrió colocar un pequeño cartel en la baranda del puente, baranda hecha de una gruesa malla de acero. El cartel decía: CANDADOS CON AMOR. En realidad quiso escribir: CANDADOS HECHOS CON AMOR, pero el cartel era pequeño y pues la letra no le hubiera salida de buen tamaño. Para colgar el letrero no encontró mejor manera que atarlo con un candado. 

Cogió un candado de los que tenía el grillete más largo. Abrió la cerradura y enlazó a la malla la perforación que tenía su letrero. Cerró el candado, y al momento de sacar la llave pues esta cayó de sus manos y al rió fue a parar. El herrero se quedó mirando los pequeños círculos de ondas que sobre la superficie había dejado la llave al sumergirse en el río. Así se estuvo un gran rato, hasta que una pareja de enamorados lo sacó de su postura al preguntarle si algo lo aquejaba. El de los candados volteó y al mover su cuerpo descubrió una parte del letrero donde se alcanzaba a leer: CON AMOR. Les dijo que era herrero y que acababa de aventar una llave al río.

Los enamorados sonrieron. Se miraron entre si. Se hicieron un guiño, y solo con las miradas acordaron una decisión, y es que cuando el amor está, poco se necesitan las palabras. Se acercaron a la mesa de los candados cogieron uno, y con una cuchilla escribieron sus nombres sobre el cuerpo del cerrojo de fierro. Después lo colocaron en la malla del puente y arrojaron la llave al río. Mientras miraban las ondas que se formaban en la superficie, sellaron su acción con un beso. Pagaron la cerradura y se marcharon.

Al día siguiente llegó el herrero, puso la mesa con su producto, y comenzaron a llegar parejas que adquirían sus candados. Escribián sus nombres y los ponían en la malla del puente. Luego arrojaban la llave al río. Fue así durante todo el día. El herrero miraba sorprendido lo que ocurría. 

Pasaron muchos meses, el herrero ya no estaba en el puente. Tuvo que partir a otra ciudad, pero en la malla de la baranda habían cientos y hasta miles de candados. Cada uno con los nombres de las parejas. Mirado de lejos se veía un espectáculo sin igual. Una baranda llena de cerraduras que aseguraban el amor. 

Son ya miles los amantes que han dejado el peso de su pasión sobre los hombros de la baranda del puente. Nadie sabe como se inició este rito que pretende eternizar el amor.

(FIN)
Autor: Carlos Torres

La ilustración es de la página: www.siempre-lindas.cl 


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