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miércoles, 16 de julio de 2014

Alejandro Magno y Diógenes



Diógenes el Cínico, quien solía andar de día con una 
lámpara diciendo: Busco a un hombre




¿Era feliz Alejandro Magno cuando conquistó el mundo? 

Fue uno de los hombres más infelices que hayan vivido sobre la tierra. Al ver la dicha de Diógenes sintió envidia.
Diógenes era un mendigo. Ese hombre, que no tenía nada, le dio envidia a Alejandro.

 
Alejandro le confesó a Diógenes:

-Si Dios me concede que vuelva a nacer, le pediré que, por favor, no me haga Alejandro, sino Diógenes.

Diógenes soltó una carcajada y llamó a su perro y le dijo:

-Fíjate las tonterías que dice. En la siguiente vida quiere ser Diógenes. ¿Por qué en la siguiente vida? ¿Por qué retrasarlo? ¿Quién sabe nada de la próxima vida? Si incluso el próximo día es incierto, el momento próximo es incierto... ¿qué decir de la próxima vida?

Si de verdad quieres ser un Diógenes, puedes serlo ahora mismo, aquí mismo. Tira tu ropa al río y olvídate de conquistar el mundo. Ésa es la mayor de las estupideces y tú lo sabes. Y has reconocido que eres desgraciado, has reconocido que Diógenes se encuentra en un estado mucho mejor, mucho más dichoso. Así que, ¿por qué no ser un Diógenes ahora mismo?

Túmbate aquí, a la orilla del río, donde estoy tomando el sol. Hay sitio en la orilla para los dos. 


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