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viernes, 13 de mayo de 2016

El cerro del grillo de oro


Hace más de cincuenta años, en el viejísimo pueblo de Rabinal, nació un muchachito que se llamaba Chema López, quien fue alimentado con chilate, que es el más fino de todos los atoles de maíz.

Chema creció y vivió entre la milpa, allá en Rabinal. Creció entre pájaros y ardillas. Creció el muchacho "en tiempos de Poncio Pilatos..." (o sea hace muuucho tiempo). Se hizo amigo del silencio y lo observaba todo con sus ojos negros.

En Rabinal hay un cerro encantado llamado Cakyup. En el cerro hay una cueva. A la entrada de la cueva vive una serpiente inmensa, vieja y sholca que tiene la misión de no permitir la entrada a nadie, salvo a unos cuantos muchachos escogidos, una vez cada cien años. La culebra mandó al pájaro Cuatrojos a buscar a Chema López, pues tenía que darle un mensaje muy importante. Chema llegó a la cueva. La serpiente le dijo: "no te preocupes, se que eres un muchacho muy inteligente; si además eres valiente, yo te enseñaré muchas cosas que jamás olvidarás".

Y en seguida lo condujo por una complicada red de galerías subterráneas hasta llegar debajo de un maizal sembrado en la inclinada ladera de la montaña. Chema vio con asombro que las raíces de la milpa crecían como cabelleras sobre las calaveras de los antepasados.

-Antiguamente -dijo la serpiente-, nadie sembraba milpas en la montaña, sino en las llanuras, pero vinieron hombres extraños que derrotaron a los antepasados y, poco a poco, se fueron adueñando de las mejores tierras, de los ríos y los lagos y de los nacimientos de agua.

Chema y la Sierpe emprendieron el regreso entre túneles de liebre y de taltuza, madrigueras de coyotes y otras alimañas que formaban un verdadero laberinto subterráneo. En una de los túneles la serpiente se esfumó. Chema se asustó muchísimo. Por un momento pensó que nunca podría salir de allí, pero enseguida recordó las enigmáticas palabras de la Sierpe: " y si además eres valiente, yo te enseñaré muchas cosas que nunca olvidarás". Eso significaba que había una esperanza.

Comenzó pues a tantear una salida. Iba palpando la tierra. Oyó el conocido cric cric de un grillo lejano. A pesar de ser un niño tan débil lo alegró como un concierto de marimba y se propuso buscarlo. Seguía al cric cric sonoro y escurridizo hasta que logró ubicarlo bajo una piedra. La sorpresa: el grillo era de oro y relumbraba en la oscuridad.





Te felicito muchacho -dijo el grillo- Has pasado todas las pruebas con valor e inteligencia y en premio te mostraré la salida. Pero antes debo revelarte tres grandes secretos: el primero es "que la vida rota", ¿me entiendes?, la vida es una naranja dando vueltas: todo aquel que ha venido una vez al mundo, volverá a venir en el futuro, la gente no lo sabe, así que cada vez que vuelva cometerá los mismos errores, tú, en cambio, irás haciéndote cada vez más sabio.

-El segundo gran secreto es que los señores de antes lo perdieron todo, pero se quedaron con las banderas verdes de la milpa, con las lanzas verdes del maíz, para derrotar el hambre. 

-El tercero y último secreto -dijo la Sierpe, que apareció detrás de ellos- es que la gente de este siglo tiene muchos y muy grandes conocimientos, pero no tiene sabiduría.

El grillo y la serpiente desaparecieron. Chema quedó encandilado unos instantes, pero en seguida pudo ver claramente el agujero de salida.

Chema López regresó al pueblo de Rabinal, más silencioso que nunca. No le contó a nadie su secreto, pero la gente notaba que había algo muy raro en su mirada. Sus ojos negros y penetrantes daban la impresión de que él podría traspasar las paredes, agujerear los troncos de los árboles y leer los pensamientos de los hombres, y que todo lo guardaba en su memoria.

Un día de tantos un viejecito lo encontró en la calle y lo detuvo con estas palabras: 

¿Tú eres Chema López?... ¡Yo también! Estuve hace muchos, muchísimos años, en el corazón de la montaña; sabía que algún día vendrías a quedarte en mi lugar, así es que ya me voy. Cuídate mucho...

Y Chema se quedó completamente solo a media calle, mientras el polvo de los siglos seguía cayendo sobre el pueblo sin que nadie lo notara.

FIN

Fuente: Cuentos de Lugares Encantados. Coedición Latinoamericana. No hay año de edición. Páginas 70 a 79.












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