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miércoles, 17 de febrero de 2016

Issun-boshi





Hace mucho, mucho tiempo vivía una dulce pareja de adultos mayores. No tenían hijos, pero siempre oraban en el santuario pidiendo poder tener uno: "Por favor, por favor, permítenos tener un niño por pequeño que sea". 

Con el tiempo adoptaron un hijo para ellos. Era un niño pequeño, no más grande que los dedos de un hombre adulto. La pareja cuidó y educó al niño con mucha ternura y amor y aunque se convirtió en un joven brillante y muy respetado, no creció en lo absoluto. Como resultado, se hizo conocido como Issun-boshi (Issun significa algo que mide unos 3 centímetros).

Un día, Issun-boshi les dijo a sus padres que quería buscar fortuna en la ciudad. Sus padres se pusieron preocupados, pero confiando en él lo enviaron con una espada cortada de una aguja de coser, una capa tejida de paja, un barco hecho de un tazón de arroz, y un palillo (ohashi) de remo.

Issun-boshi caminó hasta llegar al río que fluía hacia la ciudad. Allí puso su tazón de arroz en el agua y remó con los palillos durante días y días hasta que por fin llegó a la ciudad. Issun-boshi caminó por toda la ciudad hasta llegar frente a la mansión del amo y señor de esa población. 

En la puerta Issun-boshi dirigiéndose a un guardia, se anunció así: 

"He llegado a la ciudad para trabajar y entrenar. Te ruego que le avises al señor que deseo ser su funcionario."

Tan pequeño era Issun-boshi que el guardia ni se dio cuenta. Recién lo vio cuando casi lo pisa con su "getta" (sandalias). Lo levantó y se lo llevó al interior de la mansión, para presentarlo ante el Señor. Issun-boshi se puso de rodillas, se inclinó y prometió su lealtad. Esto agradó inmediatamente al Señor y le hizo su ayuda de cámara.

Todos en la mansión muy pronto se maravillan con la inteligencia y encanto de Issun-boshi, sobre todo la hija del Señor, y en poco tiempo se convirtió en asistente personal de ella.

Una tarde la princesa e Issun-boshi salieron a rezar y entregar ofrendas en el templo Kiyomizu. En el camino, súbitamente dos ogros se presentaron y bloquearon su camino. Issun-boshi desenvainó su espada y al instante se arrojó sobre sus atacantes en defensa de su Princesa. Uno de los ogros cogió a Issun-boshi y se lo tragó de un solo bocado. Dentro del estómago el pequeñin reaccionó y comenzó a punzar y agujerear el estómago del ogro.

El ogro estaba herido y con tanto dolor que lanzó con un gran eructo a Issun-boshi fuera de su estómago, quien al verse libre inmediatamente saltó sobre la ceja del otro ogro y lo hirió en su ojo. Derrotados, los ogros huyeron llorando y en su desesperada carrera uno de ellos dejó caer su martillo mágico. La Princesa cogió el martillo y le dijo a Issun-boshi: 

"Si lo giras en círculos, cualquier cosa que pidas -dinero o arroz- será tuyo". Issun Boshi respondió: "No quiero ni dinero ni el arroz. Lo único que quiero es llegar a tener un tamaño normal"

La Princesa con una leve sonrisa asintió y girando el martillo en el aire, pidió el deseo. Al instante Issun-boshi adquirió el tamaño de una persona normal. La princesa que de siempre había estado encantada con sus atenciones se casó con Issun-boshi. Partieron en busca de los padres de este y todos juntos vivieron felices para siempre.

FIN

Tomado de: Leyendas y narraciones japonesas. Perú Shimpo. Agosto 2012.

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