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viernes, 12 de febrero de 2016

El ogro rojo que lloró







Hace mucho, mucho tiempo, vivía a los pies de una montaña un ogro rojo (aka-oni) de aspecto muy feroz, con cuernos en la cabeza y el cuerpo completamente rojo. Sin embargo, su corazón era bondadoso y su mayor deseo era poder vivir en armonía junto con los habitantes del pueblo cercano. Pero estos siempre que le veían le tenían miedo y huían de él, y por eso el ogro rojo se sentía muy triste.

Así un día decidió poner un aviso delante de su puerta:

"No soy peligroso en absoluto"

Pero al asomarse para colocar el cartel, una vez más los aldeanos huyeron espantados. El ogro rojo se puso a llorar y rompió el cartel que había escrito. En ese momento apareció un ogro azul (ao-oni) conocido suyo, de aspecto igualmente feroz pero que era también muy bondadoso,

-Hola, ogro rojo, ¿por qué rompes eso?

-Ay ogro azul, había escrito este cartel para que los aldeanos vieran que no soy malvado y se lleven bien conmigo, pero a pesar de todo ellos me siguen teniendo miedo y huyen de mi cada vez que me ven.

¿Ah si?, respondió el ogro azul, pues mira se me ha ocurrido una idea genial. Ven conmigo al pueblo.

-Es inútil ogro azul, los aldeanos están obcecados y por mucho que intentes hablar con ellos no van a comprender si tienes o no buenas intenciones... seguramente huirán también de ti.

-Justamente de eso se trata, en cuanto vean lo bueno que eres, se convencerán y dejarán de tenerte miedo. Vamos a hacer lo siguiente: yo entraré en el pueblo fingiendo ser muy malvado y haré como que voy a atacarlos. Entonces apareces tú para defenderles, me pegas, y me haces huir.

-¿De verdad te tengo que pegar?

-Eso es, me das una buena paliza.

-No puedo hacer algo así.

-Tienes que hacerlo, ya verás cómo después las cosas te van mejor y te llevas bien con los aldeanos. ¿Has entendido? Me pegas bien fuerte y me haces huir.

Y así lo hicieron los dos ogros. El ogro azul fingió atacar a los aldeanos, y el ogro rojo salió corriendo tras él para atraparlo y golpearlo.

¡Zas, pum, patam!

¡Ogro malvado, como vuelvas a molestar a esta gente, verás lo que es bueno!, gritaba el ogro rojo, golpeando al ogro azul.

Ay perdón, perdón, respondió el ogro azul. 

Los aldeanos al ver esto, lo comentaron entre ellos con admiración, y al ver que el ogro rojo les defendía, dejaron de tenerle miedo.

Por primera vez el ogro rojo recibió en su casa a la gente del pueblo. Hombres, mujeres, niños y ancianos, todos iban a verle sin miedo, y el ogro estaba todo el rato muy ocupado, salía a recibirles, hacía té y servía dulces. El ogro estaba muy contento porque al fin se llevaba bien con los aldeanos.

Pasó el tiempo y cierto día el ogro rojo se acordó de su amigo el ogro azul:

"Ay que habrá sido de mi amigo, que ganas tengo de verle... Es gracias a que él fingió ser malvado, que ahora me llevo tan bien con la gente de la aldea. Debería ir a verle para darle las gracias por lo que hizo."

Y el ogro rojo se dirigió a la casa de su amigo el ogro azul en medio de la montaña, pero al llegar allí descubrió que la puerta estaba cerrada y clavada con maderas y sobre ella había una carta dirigida a él. Al leerla los ojos del ogro rojo se inundaron de lágrimas.

"Para el ogro rojo: 

Ahora que por fin has logrado ser aceptado por los aldeanos, si supieran que eres mi amigo, ellos volverían a tenerte miedo, ¿no crees? Por eso es mejor que me vaya para siempre y que no te vean conmigo así podrás continuar en tan buena armonía con la gente del pueblo. 

Tu amigo, el ogro azul"

Y, recordando a su generoso amigo, el ogro rojo vertía más y más lágrimas sin poder contenerse. 

FIN

Publicado en: Leyendas y narraciones japonesas Junio 2012. Suplemento Perú Shimpo SA

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