Soy Narrador. Para funciones y presentaciones, contactarme al fono 996583864, o escribir a: ctorres1000@yahoo.es

lunes, 29 de octubre de 2012

Vivaldi y la combi



Subí a una combi en la Av. La Marina. El bus lucía limpio y con los asientos en buen estado. Me ubiqué en un asiento. Iba a sacar mi libro para leer, pero comenzé a escuchar: La Primavera de Vivaldi. Cerré los ojos. El vehículo transi
taba sin dar tumbos, aceleradas o frenazos. Sentía que escuchaba el aleteo de los pájaros.



Abrí los ojos. Junto a mi estaba sentado un niño. Yo le dije: Esa música es bonita. El me miró. Me dijo: "Mi papá maneja. Mi mamá cobra".


Y era eso. Se trataba de una combi hogar. Una familia era la conductora del vehículo. No me daban ganas de bajar.


Parece que relato una historia de invento, o una ficción. Pero esto que cuento, es de verdad. Yo estuve allí.








Saludos
Nota: Para los visitantes de fuera de Perú. Combi es el vehículo de transporte de pasajeros, que en otros paises se llama busceta, bus o camioneta rural.

domingo, 28 de octubre de 2012

La Ciencia y El Cuento


Arquímedes



Hace muchos años, en sur de la península italiana, se hallaba el reino de Siracusa, ciudad griega gobernada por el rey Hierón, monarca sibarita. Es decir muy pegado de los regalos y presentes que puedan entregarle sus súbditos o los visitantes venidos de otros reinos.

Un día, Hierón anunció a sus ministros: "La corona que llevo no es digna ya de mi grandeza. Es necesario que se encargue al mejor orfebre de Siracusa la confección de una corona cuya magnificencia vaya de acuerdo a mi investidura. Llamad al cajero fiscal".

Y el cajero se hizo presente, encargándosele la tarea de proveer lo necesario para lograr una corona sin igual. 

Fue convocado a palacio el más renombrado orfebre del reino. Este, en presencia del mismísimo Hierón, recibió de manos del cajero fiscal lingotes de oro y plata, en cantidad suficiente para realizar la corona. Se le dieron veinte días para que completara su labor.

Pasó el plazo fijado y el orfebre se presentó ante el rey. Llevaba la corona envuelta en un fino paño azul. Todos los ministros estaban reunidos. Se removió el paño y fue presentada la más impresionante corona que se haya visto. Hierón se la ciñó y quedo contento. El orfebre recibió su pago y se marchó. Previamente, devolvió lingotes de plata que le habían sobrado, diciendo además que había tenido que usar todo el oro que se le entregó.

Al día siguiente, caminado Hierón en compañía de su cajero fiscal, le hace esta pregunta: "¿Cómo sabríamos si el orfebre nos dijo la verdad, respecto de que usó todo el oro que se el entregó?. El pudo haber usado mas plata de la que le dimos o agregar otro metal en vez del oro y robarnos parte de los lingotes". El cajero no supo que responder, agregando que no había manera de saberlo, salvo fundiendo la corona. 

Hierón recordó que tenía un lejano pariente de nombre Arquímedes, un sabio, quien tenía fama de constructor y que gustaba de resolver cuestiones de cálculo. El rey ordenó lo llamaran.

El sabio, ya en presencia de Hierón, recibió de este el encargo de averiguar cuánto de oro y cuanto de plata tenía su nueva corona. Le fue entregada esta, con la advertencia de que respondería con su vida si algo le pasaba. No debería ni fundirla ni cortarla para averiguar lo que se el encargaba. 

El sabio desde ese día, andaba preocupado pensando en cómo resolver lo que se le ordenó. Caminaba de día pensando en la corona. De noche, mientras mal dormía, soñaba que la joya era fundida y despertaba entonces lleno de terror. La salud de Arquímedes desmejoró. Una mañana, decide ir al local de los baños, a fin de poder relajarse. Solicitó que le preparen una tina, la que fue llenada hasta el tope. Desvistiose y se arrojó al agua. Mientras su cuerpo se hundía, sintió que una fuerza tendía a llevarlo hacia arriba. Al mismo tiempo observó que por los costados de la tina, se derramaba agua. En ese instante, Arquímedes se puso de pie, salió de la tina. Desnudo, ganó la calle y fue corriendo a través de la ciudad gritando: "¡Eureka. Eureka!" (Lo encontré en idioma griego). La gente que lo veía, se pregunatba: "¿Que encontró el sabio, que lo obliga a correr sin ropas. ¿Habrá perdido el juicio?"

¿Y que encontró Arquímedes?

Descubrió que los cuerpos al flotar o hundirse en el agua, lo hacen debido a las características de peso y volumen de esos cuerpos. Un peso de 1 kilo de  sólido de hierro, echado al agua, termina por hundirse. En cambio, un gigantesco barco hecho de acero, no se hunde, y eso que pesa mucho más que 1 kilo.

También descubrió que la cantidad de agua que se derramaba por los costados de la tina, era igual al volumen de su cuerpo. Es decir, encontró una manera de calcular el volumen de los cuerpos que no son regulares como la figura geométrica de una esfera o un cilindro.

Arquímedes, ya en casa, construyó un cubo ligeramente mayor al tamaño de la corona, y lo llenó de agua. Introdujo la corona y recogió el agua que se caía por los costados. Midió esa agua y pues, ya tenía el volumen de la corona. Pesó la corona. Conociendo el volumen y el peso, ya podía determinar cuánto de oro tenía la joya del rey.

En presencia de Hieron, el cajero fiscal y el orfebre. Arquímedes comunicó cuanto de peso en oro tenía la corona. Esta coincidía excactamente con los lingotes entregados al artista. Es decir, no había robo.

Lo que descubrió Arquímedes es lo que los ingenieros llaman Densidad. Todos los cuerpos tienen esta propiedad. Los cuerpos de menor densidad, flotan sobre los de mayor densidad. El agua tiene una densidad igual a 1. El aceite tiene de densidad 0.8, que es menor a la unidad, por eso el aceite flota sobre el agua.






(Tomado de divulgamat)


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Gracias amigos, por haber llegado hasta el final del cuento. Si tienen algún comentario, pues les agradecería me escriban,

sábado, 27 de octubre de 2012

Tarde de Verano




Julio Ramón Ribeyro, nos cuenta en su libro: Dichos de Luder lo siguiente:


"LUDER regresa de su habitual paseo por el malecón.
Estoy confundido - dice -. Cuando me aprestaba a gozar de una nueva puesta de sol, un vagabundo salta la baranda, camina hasta el borde del acantilado, se baja los pantalones y se caga mirando mi crespúsculo. Eso demuestra la relatividad de nuestras concepciones estéticas"


Yo, no soy Luder. Pero una tarde iba yo en bus. Este se detuvo en el cruce de las avenidas Habich y Panamericana Norte, en lo que es el distrito de San Martín de Porres aquí en Lima. En esa esquina había una construcción. Eran unas oficinas de un solo piso, como una caseta, pero hecha de ladrillos y techo de concreto. El local, llevaba un cartel grande donde se leía: Poder Judicial - Asesoría Jurídica Gratuita.


El semáforo, detuvo el andar de los carros que iban por Habich, y yo allí, en uno de ellos. De pronto vi a un tipo con un papel en la mano. Se acercó a la pared del local de asesoría jurídica. Este estaba cerrado. Serían como las seis de la tarde de un día de verano. De pronto, el tipo se guarda el papel en el bolsillo trasero y escala la pared del recinto.

Ya en el techo, saca el papel del bolsillo, se baja el pantalón y se encunclilla...ese hombre, literalmente, se estaba cagando en la justicia, a las seis de la tarde, de un día de verano, cerca de la puesta del sol.
 








Saludos amigos. Agradeceré sus comentarios

viernes, 26 de octubre de 2012

El Loco
















De niño, vivía en el distrito de Barranco. Gustaba de ir a la playa llamada: Las Cascadas. Me quedaba relativamente cerca. Solo tenía que caminar por la bajada de Armendáriz. Ya en el mar, gustaba de mirar hacia los acantilados, en dirección a San Miguel y Magdalena. Me impresionaba ver la fila de edificios y casas, pero sobre todo me intrigaba una inmensa cúpula verde. Ese era el edificio más alto y fácilmente se distinguía del resto de construcciones. Cada vez que lo observaba, me preguntaba: ¿Qué será?

A la edad de diez años, me llevaron por primera vez al llamado 'Parque de las Leyendas', un lugar entre museo, zoológico y parque temático. Yo me subí a una loma y de allí descubrí que también se podía ver la cúpula verde. Me imaginaba que era como esas construcciones que veía en las películas donde aparecía la Plaza Roja de Moscú. Ahora sentía a la cúpula más cerca, pero nunca pregunté a nadie: ¿Que era?

Una tarde de verano, y ya de mayor, me fui a la librería Salesiana, que quedaba a un costado de la iglesia de María Auxiliadora, en la cuadra seis de la avenida Brasil. En el segundo piso de la librería, estaba la sección de catecismo y textos de teología. Yo miraba y rebuscaba algún título de mi interés. Me gustó una biografía de Gandhi, de una colección editada como: Mensaje a la Juventud. Pagué el libro y me lo entregó un padrecito, quien me obsequió una estampita.

Salí a la avenida Brasil. Mientras andaba me dije: Carlos, abre el paquete y ponte a leer el libro mientras caminas. Total tienes tiempo de sobra. Eso sí, hazlo con cuidado. Sobre todo no te vayas a chocar con las personas

Y me puse a leer. Caminaba despacio. Perdí la cuenta de cuantas cuadras llevaba. Creo eran como unas treinta. Me emocioné con lo que iba aprendiendo acerca del Mahatma. De la marcha por la sal que el encabezó y llegó al mar luego de una larga caminata. De pronto, hice un alto en mi leer. Giré mi mirada hacia la derecha y me encuentro con la construcción de cúpula verde. Era una iglesia impresionante por su altura. Por eso era fácil verla desde muy lejos. 

Estaba solo a tres cuadras de la cúpula. Era la oportunidad para satisfacer la curiosidad que desde niño tenía, y caminé hacia su encuentro. La iglesia estaba sobre la avenida Sucre. Crucé la calzada y ya parado frente al puerta, miré hacia la cúpula. Que alta era. Casi debía sostener la mirada, como si apuntara a divisar en el cielo una estrella que estuviera encima de mi cabeza. Decidí entrar. Fue en ese momento en que me percaté que en la puerta estaba un loco, vestido con un saco gris y pantalón oscuro. Llevaba puesto un casco de plástico, además portaba un palo grueso y una taza de metal enlozado. Al entrar, el loco se me puso al frente y me pidió una moneda, a la par que me acercaba el pocillo metálico. Yo le tuve miedo, no le di moneda alguna  y rápidamente ingresé.

Ya dentro, pude observar lo recargado de los ornamentos de la iglesia. Había muchos frisos y decoraciones. Las columnas estaban adornadas con tonos dorados, y sobre el altar mayor, estaba la imagen de la Virgen en una central ubicación. Me senté en una de las bancas y mientras hacía memoria sobre mi lectura de Gandhi, una voz, desde mi espalda me dijo: "Hermano. ¿Dónde está San Ildefonso?". Volteé, era el loco. Miré a mi alrededor y vi que no había nadie más dentro de la iglesia. Temí que me golpeara con el palo. Contesté: Creo que por allá -a la vez que le señalaba con el brazo en una dirección-. Me paré. Vi que él, se fue alejando. Llegó hasta la imagen de San Martín de Porres. Él, se detuvo. Hizo una reverencia con el cuerpo. Puso el palo bajo el brazo y comenzó a sacar las monedas del pocillo. Las iba vertiendo dentro de la alcancía del santo. Terminó. Se persignó, y se dirigió a la puerta. Ese loco, estaba mendigando para Dios. Sentí un calorcillo en la garganta y se me humedecieron los ojos. Yo que me sentía un cristiano preparado y lector de los documentos de la iglesia, ese día había recibido una magistral clase de Evangelio,

Nuevamente tomé asiento. Estuve buen rato así. No recuerdo en que pensé. Creo recé. ¿Era esta experiencia, lo que la vida me tenía reservado desde niño?

Salí de la iglesia. El loco, ya no estaba en la puerta. Eran pasadas las seis. La tarde se puso rojiza. El sol comenzaba a ocultarse. Caminé hacia la avenida La Marina. Apuré el paso. Sentía deseos de estar ya en casa.


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jueves, 25 de octubre de 2012

Función de Cuentacuentos




Los novelistas y los editores creen que una novela
es más importante que un cuento
No les creas. solo es mas larga.
(Abelardo Castillo)









Muestra del Taller de Cuentos de la A.A.A.
 


Dictado por el profesor: Martín Medina López

Al culminar el Taller de "Cuenta Cuentos" los alumnos compartirán lo aprendido con el público a través de una velada de narración de cuentos, participarán:

Carlos Torres
Eloisa Quijada
Víctor Manuel Arévalo

Viernes 26 de Octubre de 2012
7:00 pm.


En la Sala de Danza de la Asociación de Artistas Aficionados
 

Dirección: Jr. Ica 323 Lima Cercado, costado del Teatro Municipal

 


INGRESO LIBRE, SALIDA CON SOMBRERO


Aquí una muestra de un cuento chino, de autor anónimo: 



El Vendedor de lanzas y escudos


En el reino de Chu, vivía un  hombre que vendía lanzas y escudos. 

-Mis escudos son tna sólidos -se jactaba- que nada puede traspasarlos . Mis lanzas son tan agudas, que nada hay que no puedan penetrar 

-¿Qué pasa si una de tus lanzas choca con uno de tus escudos? -preguntó alguien.

El vendedor, no supo que contestar. 



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sábado, 20 de octubre de 2012

Oración por la gente de teatro




Poema dedicado a Lope de Rueda


Padre Nuestro que estás en el Teatro.
Santificados sean tu nombre y tus entremeses.

Hágase tu voluntad aquí en la tierra

como en el infierno.

El personaje nuestro de cada día dánoslo hoy.

Perdonas nuestras máscaras así como nosostros

perdonamos las máscaras de nuestros deudores.

Déjanos caer en la tentación

y líbranos del mal espectáculo.

Llévanos tomados de la mano

por esta eternidad donde te estás quemando,

y no puedan las llamas apagar

los ecos de las risas y los apalusos

que persisten

Amén






(De: Maese Trotamundos por el camino de Don Quijote, de Javier Villafañe. Seix Barral. Año 1983)

viernes, 19 de octubre de 2012

El Desaliento


 "A la vida, hay que vivirla como es".
(Don Matish, en la Serpiente de Oro)






En Calemar, Don Matish contó esta historia: 


Adán y Eva, ya habían sido expulsados del Paraíso, o sea el hombre conoció el mal. Pero sucedía que no había variedad de males y las gentes que querían hacerse mal unos a otros, buscaban hasta en eso ser diferentes. El diablo vio la ocasión de un gran negocio, y a todititos los males los convirtió en polvos de diversos colores y los puso en frascos, que luego guardó en un costal. Se puso el costal al hombro y salió al mundo a vender.
Se ubicó en una plaza y mostró su mercadería. Habían frascos grandes y bonitos. Otros mas chicos que mostraban su colorido contenido. El diablo gritaba: “compren sus males”… y la gente se acercaba, preguntaba y compraba.
¿Y este mal, que es?. El diablo respondía: “la mentira”. Otro interesado por una frasco preguntaba y el diablo decía: “la traición”. Había un frasco pequeño y ralo, el cual andaba perdido entre los otros coloridos envases. La gente preguntaba, ¿Y ese frasquito chiquito, que mal es? El diablo decía: “ese es el desaliento”. Y su precio era mas alto que el de todos los frascos juntos. Los compradores se molestaron, que diablo este por querer engañarlos, pretendiendo cobrar un montón por un mal que no parece gran cosa.
Terminada la mercadería, solo quedó el frasco chiquito. El diablo se molestó por lo cabeza dura que era la gente. Entonces cogió el frasco, lo abrió y echó su contenido a los vientos diciendo: “con este mal todos, sin este mal ninguno”. Y don Matish dijo: “Y los males fueron, por que el desaliento es todititos los males. Eres afortunado y poderoso y si caes en el desaliento, pues el vicio te doblega. Si eres humilde y pobre, pues el desaliento puede tumbarte, luego lueguito. Así es como el diablo llenó de males la tierra, por el desaliento”. 


Y agrega don Matish: “Cristianos de Calemar, que el desaliento no empuñe nunca nuestro corazón”

(La Serpiente de Oro, de Ciro Alegría)

miércoles, 17 de octubre de 2012

Canción a Dúo



Viajo seguido en combi, ya que cruzo la ciudad de punta a punta.  Hoy partí de El Callao a Chorrillos. Salí tempranito, para ganarle al “gentío de vehículos” que hacen lenta la marcha.
Subió un vendedor y comenzó con su conocido discurso:
“Disculpen que les interrumpa su lindo viaje…” eso de lindo, no se si es sorna, toque de humor o conmiseración. El caso es que se puso a cantar: “Hace tiempo que mi vida no tiene valor…” en eso del fondo de la combi, un perrito ladra. Continúa el cantante: ” Desde esa noche, nunca mas volví a reir, llevo dentro el castigo de no serte fiel…” y el perro nuevamente: guau guau. El cantante no perdía el ritmo: “Tu gran amor oohhh oohhh. No puedo mas vivir sin ti, lejos de ti voy a morir, ay como duele…”, y el perro, otra vez ladra. El pasajero al costado de mi dijo en voz alta: “Cántate otra canción, pero que no la sepa el perro”
No necesité mas para sonreir y reir. Llegué a mi destino, recordando al duo humano-canino. Hoy a pesar del frio, se me abrigó el alma.






Saludos

Nota: Imagen del blog:  brujulaveterinaria

jueves, 11 de octubre de 2012

Primera Entrada




Hola buen día. Aquí con este emprendimiento, me siento como en un primer día de clases. Con los cuadernos flamantitos y con todas sus páginas en blanco. Estoy entusiasta, imaginando a los lectores que por aquí se avecinen.

Este es un blog, cuyo propósito es el de hablar sobre la narración, el relato, la historia, la anecdota, el cuento. Compartiré también una de mis pasiones: El chiste. Me refiero a esa publicación ilustrada que en Perú llamábamos "el chiste" y en otros paises "El Comic" o "El Tebeo".

También glosaré algunos libros. Pero sobre todo intentaré dar respuesta a las consultas y comentarios de los lectores. Pues sin mas preámbulo, va aquí una pequeña historia:



Lectora




Conocí a una chica, a quien jamás le pregunté su nombre. Coincidíamos en el bus. Ella era una asidua lectora. Avanzaba el bus, ella leía. El bus se detenía, y seguía leyendo. Solo dejaba de hacerlo cuando se disponía a bajar.

Un día, yo le hablé. A partir de allí, conversámos. Siempre de novelas, de cuentos, de historias. Ya no leía en el viaje, ahora conversaba conmigo. Día día, yo iba sintiendo que la ruta era cada vez mas corta. Ella se bajaba primero. Yo me quedaba con los recuerdos.

Se acabó nuestra coincidencia, cuando el bus cambió de ruta. Yo seguí siendo pasajero, ella viajaba ya por otros rumbos.


Notas: 
1)La imagen es del blog La vida de color azul.
2)El relato es de mi autoría.


Saludos amigos

Carlos el baterillero