Soy Narrador. Para funciones y presentaciones, contactarme al fono 996583864, o escribir a: ctorres1000@yahoo.es

jueves, 17 de marzo de 2016

El eremita y la grulla




Un tabernero tenía una tienda pequeña, donde servía sake, que es un licor de arroz. Pasaban los días y el tabernero seguía en su trabajo. Un día se presentó un eremita. Tenía una barba muy larga y la piel bastante arrugada, el sol, la lluvia, el frío quizás eran los responsables. El eremita vestía ropas blancas, muy gastadas pero muy limpias. Se presentó al tabernero solicitando sake, pero agregó que no tenía con que pagar.

El tabernero le hizo sentarse y le sirvió. Luego se pusieron a conversar largo. El eremita se despidió cuando la noche estaba muy avanzada.

Al día siguiente, volvió a aparecer el eremita y solicitó sake. Anunció nuevamente que no tenía para pagar. Luego de beber, se repitió la charla de sobremesa. Así pasaron los días y vez tras vez el tabernero atendía al visitante. Un día no apareció. El tabernero extrañaba a su eremita amigo.

Luego de muchos meses se apareció el eremita y dijo al tabernero: te debo mucho dinero en sake y aun no tengo como pagarte, lo justo es que te retribuya de alguna manera. El tabernero muy contento de ver al amigo le sirvió el licor como hizo durante tantas tardes.. Terminado el sake, el eremita solicitó una mandarina, la peló y con la cáscara cual si fuera pincel y pintura dibujó sobre una blanca pared una grulla en actitud de volar. El ave, parecía estar viva. Antes de partir, el eremita dijo al tabernero: Cuando vengas las personas a tu bodega, diles que aplaudan mirando a la grulla.

Poco después que partió el amigo, llegaron unos jóvenes. Solicitaron sake. El tabernero les sirvió y les propuso que aplaudieran mirando a la grulla. Lo hicieron y el ave comenzó a aletear y realizaba bellísimas danzas. La novedad de la grulla danzante se esparció y de muy lejos venían clientes a beber sake y ver la portentosa pintura. El negocio prosperó muchísimo.

Varios años después, volvió el eremita. Expresó su contento de que el dibujo haya retribuido al tabernero los sakes que le invitó. Entonces el anciano sacó una pequeña flauta y la grulla se desprendió de la pared. Era gigantesca. El eremita se subió sobre ella y mientras tocaba su melodiosa flauta, el ave comenzó a elevarse.

(FIN

No se el nombre del autor de esta historia. Estoy compartiendo el relato de memoria.

No hay comentarios:

Publicar un comentario