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lunes, 7 de marzo de 2016

Esopo






Un día uno de los amigos encontró un libro tirado en una esquina de la ciudad. Lo levantó y se lo metió debajo de su saco. A la carrera partió a buscar a sus compañeros. Les dijo: "Tengo algo que hace que la gente se vuelva doctor". Tomaron asiento en un muro de piedra. El del tesoro se sentó al centro, se abrió el saco y se puso el objeto sobre las piernas. Los otros miraron con admiración. Uno de ellos usó el tacto y pasó el dedo índice sobre el libro. El otro dijo: "Eso se llama libro. Lo he visto en la vitrina de una tienda". Ninguno sabía leer. Se maravillaban mirando los dibujos. Intentaron descubrir lo que las letras cantaban, pero no pudieron. Entonces se imaginaron un cuento, como el que habían oído narrar en la plaza y convinieron en que eso era lo que allí estaba escrito en el libro, y lo decían en voz alta. Era una fábula de Esopo lo que escucharon y aprendieron de memoria. La gente pasaba y los miraba y escuchaban que en voz alta decían la fábula del griego que un tiempo fue esclavo. Y los niños se sintieron doctores. Se imaginaron gente de mucho saber. Alguien pasó. Era un abogado displicente, dijo en voz alta: "Estoy seguro que ustedes no saben leer". Los transeúntes se detuvieron y convinieron en que los tres niños definitivamente no sabían leer y estaban inventando. El abogado, les arrancó el libro de las manos, y leyó en voz alta: "Fábula del zorro y el león". Inmediatamente se quedó mudo. Devolvió el libro, se marchó. La gente le dijo a los niños: Sigan por favor. Sigan con Esopo. 

FIN. 

Autor: Carlos Torres.

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