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martes, 9 de mayo de 2017

De cómo la Vida se fue por el mundo





Un día la vida se fue por el mundo. Caminó, caminó y caminó hasta que encontró a un hombre con el cuerpo tan hinchado que apenas podía moverse.

-¿Quién eres? -preguntó el hombre.
-Soy la Vida.
-Si eres la Vida, quizás puedas devolverme la salud...
-Te devolveré la salud -dijo la Vida-, pero sé que me olvidarás tan completamente como a tu enfermedad.
-¿Cómo podría olvidar? -exclamo el hombre.
-Bueno. Volveré dentro de siete años y ya veremos -dijo la Vida.

Luego echó un poco de polvo del camino en la cabeza del hombre y le curó.

La Vida prosiguió su camino y encontró a un leproso.

-¿Quién eres? -preguntó el hombre.
-Soy la Vida.
-¿La Vida? -se extrañó el hombre-. ¡Entonces puedes devolverme la salud!
-Si, puedo -dijo la Vida-. Pero sé que, si lo hago, me olvidarás tan completamente como a tu enfermedad.
-¡No, no lo olvidaré! -prometió el leproso.
-Volveré dentro de siete años y ya veremos -dijo la Vida.

Luego echó polvo del camino en la cabeza del hombre y el leproso quedó curado.

La Vida prosiguió su camino y encontró a un ciego.

-¿Quién eres? -preguntó el ciego.
-Soy la Vida.
-¡Ah la Vida! -exclamó el hombre-. Te lo suplico, devuélveme la vista.
-Te devolveré la vista, pero se que me olvidarás tan completamente como a tu ceguera -dijo la Vida.

Luego echó polvo del camino en la cabeza del hombre y éste pudo ver.

Pasaron siete años y la Vida se fue otra vez por el mundo. Se hizo pasara por ciego y se dirigió al hombre al que había devuelto la vista.

-¿Puedo pasar la noche contigo? -preguntó.
-¡No! -gritó el hombre-. Sigue tu camino. No quiero saber nada de enfermos como tú.
-¡Lo predije! -exclamó la Vida- Hace siete años eras ciego y te devolví la vista. En esa época me dijiste que no me olvidarías jamás ni tampoco tu ceguera.

Luego cogió polvo del camino, lo echó en las huellas de los pasos del miserable ingrato y el hombre quedó ciego de nuevo.

La Vida prosiguió su ruta y fue a ver al leproso que había curado siete años antes. Se transformó en leproso, se acercó a él y le preguntó si podía pasar la noche bajo su techo.

-Sigue tu camino -gritó el hombre-, ¡o me contagiarás!
-Lo predije -dijo la Vida-. Hace siete años te curé y me prometiste no olvidarlo jamás.

Cogió polvo del camino y lo echó en las huellas de los pasos del hombre, que volvió a ser leproso.

La Vida prosiguió su camino, infló su cuerpo hasta el punto de no poder ni moverse y fue al encuentro del último de los tres hombres que había curado siete años antes.

-¡Puedo pasar la noche aquí? -preguntó.
-Naturalmente -dijo el hombre-. Entra, entra. Siéntate y te daré de comer. Se lo mal que debes sentirte porque yo también estuve así. Pero hace siete años, la Vida pasó por aquí y me curó. Me dijo que volvería siete años más tarde. ¿Por qué no la esperas aquí? Quizá te devuelva la salud...

-Yo soy la Vida y tu eres el único que he curado y que todavía se acuerda de mi y de su enfermedad. Por ello estarás curado para siempre.

Luego añadió:

-La Vida es un perpetuo cambio. La buena suerte se transforma de repente en mala suerte, la pobreza en prosperidad, el amor en odio. ¡Pobre del que lo olvida y no actúa en consecuencia!

FIN

Tomado de: El círculo de la choza, Cuentos populares africanos. Ediciones Gaviota. Páginas: 232, 233, 234, 235.



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