martes, 22 de septiembre de 2015

El hombre que calculaba: división de tres entre tres


Un sabio le solicitó a Beremís (el hombre que calculaba) a que dijera un sencillo relato donde se planteara una división de 3 entre 3 pero que no se efectúe, y que también hubiera una división de 3 entre 2, pero que no dejara residuo. Beremís escuchó y dijo:

El león, el tigre y el chacal, abandonaron salieron a recorrer el mundo. En un momento el león fatigado se sentó y dijo: tengo hambre.

El chacal se ofreció llevarlos a un prado que el conocía y donde aseguraba que la caza era abundante, fácil, al alcance de las garras, y exenta de cualquier peligro. El león ordenó: "Vamos".

Al caer de la tarde, guiados por el chacal, llegaron los viajeros a lo alto de un monte donde se divisaba una pequeña y verde planicie. En medio del valle se hallaban descuidados, ajenos a los peligros que los amenazaban, tres pacíficos animales: una oveja, un cerdo y un conejo. Al avistar la fácil presa, el león sacudió la abundante melena en un movimiento de incontenida satisfacción. Se dirigió al tigre y exclamó:

"Tigre admirable! Veo allí tres hermosos y sabrosos manjares. Tú, que eres listo y experto, debes saber dividir con talento tres entre tres. Haz, pues, con justicia y equidad, esa operación fraternal: dividir tres entre tres cazadores. El vanidoso tigre respondió así:

"La división que generosamente acabáis de proponer -¡oh rey!- es muy simple y se puede hacer con bastante facilidad. La oveja, que es el mayor de los tres bocados, y el más sabroso, os toca por derecho. Aquel cerdo flaco, sucio y maloliente, que no vale una pierna de la hermosa oveja, será para mí, que soy modesto y con bien poco me conformo. Y, finalmente, aquel minúsculo y despreciable conejo, de reducidas carnes, indigno del paladar refinado de un rey, corresponderá a nuestro compañero el chacal, como recompensa por la valiosa indicación que hace poco nos proporcionó.

-¡Estúpido, egoísta! –rugió, enfurecido, el león, lleno de indescriptible furia-. ¿Quién te enseñó a hacer divisiones de esa manera? ¿Dónde viste una división de tres por tres, hecha de ese modo?

Y, levantando su pesada pata, descargó sobre la cabeza del desprevenido tigre tan violento golpe, que lo tiró muerto a algunos pasos de distancia.

En seguida se volvió al chacal, que asistiera aterrado a aquel trágico final de la división de tres por tres y así le habló:

- Mi querido chacal. Siempre tuve de tu inteligencia el más alto concepto. Sé que eres el más ingenioso y brillante de los animales de la floresta. Te encomiendo, pues, el hacer esa división simple y banal, que el estúpido tigre (como ya acabaste de ver) no supo efectuar satisfactoriamente. ¿Estás viendo, amigo chacal, aquellos apetitosos animales: la oveja, el cerdo y el conejo? Pues bien: dividirás las tres piezas entre nosotros dos. ¡Nada más sencillo que dividir tres por dos! Haz los cálculos, pues deseo saber qué cociente exacto me corresponde.

-No soy más que un humilde y rudo siervo de Vuestra Majestad –dijo el chacal, en tono humildísimo de respeto-. Debo, pues, obedecer ciegamente la orden que acabo de recibir. Voy a dividir, como si fuera un sabio geómetra, aquellas tres piezas entre nosotros dos. La división matemáticamente exacta es la siguiente. La admirable oveja, manjar digna de un soberano, es para vuestros reales caninos, pues es indiscutible que sois el rey de los animales; el bello cerdo, del cual oigo los armónicos gruñidos, debe ser también para vuestro real paladar, y el inquieto conejo, con sus largas orejas, debe ser saboreado por vos, como sobremesa, ya que a los reyes, por ley tradicional entre los pueblos, les pertenecen, de los opíparos banquetes, los manjares más finos y delicados.

-¡Chacal incomparable! –exclamó el león, encantado con el reparto que acababa de oír-. ¡Qué agradables y sabias son tus palabras! ¿Quién te enseñó ese artificio maravilloso para dividir con tanta perfección y acierto, tres por dos?

-El zarpazo con que vuestra justicia castigó, hace un instante, al tigre arrogante y ambicioso, me enseñó a dividir con certeza tres por dos cuando de esos dos uno es el león y otro el chacal. En las matemáticas del más fuerte, pienso que el cociente es siempre exacto, y al más débil, después de la división, ni el resto le debe tocar.

El sabio habiendo escuchado el relato de Beremís, quedó encantado y admirado de lo que conocía el Hombre que Calculaba.



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