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martes, 8 de abril de 2014

Redoble por Rancas

 
Hola Amigos...pues aquí nuevamente. Uno de los libros, de cuya lectura, guardo muy grato recuerdo es: Redoble Por Rancas, escrito por Manuel Scorza, novelista peruano, de la llamada generación del 60. El escribió una serie novelística conocida como La Guerra Silenciosa, compuesta de cinco volúmenes o Cantares, tal como le llama el autor.
 



(Redoble Por Rancas, Plaza&Janés. Edición 1983, impreso en España)
 

Redoble por Rancas, es el primer cantar y la trama, transcurre en el departamento de Cerro de Pasco, localidad de Yanahuanca, ahora: Región Pasco.

Desde las primeras lineas, uno queda "enganchado" a la novela. Es de antología el relato primero, titulado: Donde el Zahorí Lector, Oirá Hablar de Cierta Celebérrima Moneda. Leí el texto del cuento en la escuela. Tiempo después, accedí al libro.

Al terminar la lectura del libro, decidí viajar a Cerro de Pasco...quería conocer los lugares que se describen en la novela...y para allá me fui.
Nunca antes había estado en Pasco. Lugar de mucho frio, ya que es una ciudad que está en el orden de los cuatro mil metros de altura. Ya en Cerro de Pasco, la ciudad capital de la región, conocí el Bosque de Piedras de Huayllay, lugar donde abundan formaciónes petreas, de caprichosas siluetas: figuras de animales, construcciones ciclópeas y también siluetas de personas.

La tarde del segundo día juntamente con un amigo, decidí pasar a Yanahuanca, zona de quebrada donde hace mucho calor. Es un valle estrecho a orillas del rio Huallaga, que en la novela recibe el nombre de Chaupihuarango. Llegamos como a las cuatro de la tarde de un Sábado Santo. Nos instalamos en un hotel, donde para ir al segundo piso  uno tenía que salir del edificio y subir por una escalera que estaba fuera del local. Recordé el célebre Hotel El Mundial, construido por el albañil olvidadizo, el cual terminada su obra, se dio cuenta que faltaba la escalera que conectara al segundo piso, y quedó como única solución, construirla como agregado, pero fuera del hotel... Justamente el Hotel El Mundial y el albañil son relatados en la novela Redoble por Rancas.
 
 
 

A eso de las seis con el pueblo en silencio, vi aparecer a un señor que llevaba una matraca de madera. Podría hasta decir que era una campana de palo. Es que en Semana Santa se está de duelo hasta antes de la Pascua de Resurección. Este señor corría por la plaza y por las calles aledañas. LLamaba con su tocar a que las personas salieran de sus casas. Finalmente terminó frente al local de la iglesia, se arrodilló en las gradas y tocó la campana de palo una vez mas. En eso, se abrieron las puertas del templo...era el llamado para la misa de Vigilia Pascual. Que hermosa experiencia tuve ese día.
 
A la mañana siguiente, decidí ir con mi amigo hacía Tambochaca, zona donde hay unos baños termales. Para llegar hasta allá, pasamos por Huarautambo. Esta justamente es otra localidad muy nombrada en la novela. Estaba cumplíéndose el propósito de mi visita. Recorría Yanahuanca de la mano de Scorza.

Nos retrasamos y cuando volvimos al hotel, el bus ya había partido para Cerro. Quedaba como único medio de transporte de ese Domingo de Pascua, viajar en un camioncito. Si mal no recuerdo, era uno modelo D300. Contratamos nuestro cupo y subimos. Me deleitaba viajando entre tumbos observando el verdor del valle. Pasamos por Chinche y Chipipata, localidades que también aparecen en la novela.

El camioncito comenzaba a subir la cuesta. Estábamos en una zona de calor y había que trepar hasta la cordillera, para llegar a Cerro. Por ser domingo, el camión, se constituyó en único medio de transporte que transitaba por esos rumbos. A cada avance se iba incrementando el número de pasajeros que con sus bultos, ya superaban la capacidad del D300. La gente seguía subiendo. Había quienes se ubicaron sobre el techo de la cabina, ya que la tolva estaba repleta. No obstante, los pasajeros seguían trepándose. Vi gente que se sentaba en la misma baranda del camión, con una pierna dentro de la tolva y la otra al aire...jamás viajé en movilidad tan llena.
 
 
 
 
Llegamos a la puna. Una pampa inmensa se extendía al frente del camioncito. De pronto se desató una tormenta. Vi a lo lejos como las ovejas que estaban pastando desperdigadas se apelotonaron y se movían como un gigantesco ovillo. Comenzó a caer nieve. La pampa, se puso blanca como el algodón. El D300, hacía mas lento su avanzar. Rayos surcaban el cielo y el retumbar de los truenos me hacían ya dudar de la bondad de mi viaje scorziano. Cesó la tormenta, quedó blanca la pampa, llena de nieve. Vi unas llamas que empezaron a saltar a medida que pasaba el camión. Era como que bailaban. Gracias Scorza, no he vuelto a ver, danza más magistral.

Voy llegando al final de este post, que mas que glosar la novela, resultó el contar mi experiencia en Cerro. Fin amigos. Gracias por llegar hasta aquí. Les debo el cuento de la celebérrima moneda.

Saludos

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