viernes, 30 de noviembre de 2012

"El Minotauro", "Hansel y Gretel" y "El Pishtaco"




Hola amigos de Narracentro. Aquí después de algunos días. Hoy con una entrada que pretende ser de análisis comparativo de tres historias. Una es un mito, el otro es un cuento y finalmente una novela, más concretamente un capítulo de esa novela.

Con frecuencia me topo con historias, gestadas en tiempos diferentes y en ámbitos geográficos difernetes, pero que sin embargo tienen mucho símil en común. Aquí vamos.


El Minotauro

 Recordemos, al mítico ateniense de nombre Teseo, quien dio muerte al monstruoso Minotauro, quien residía en una laberíntica cueva en Creta y al que frecuentemente se le entregaban doncellas como ofrenda para que las devore. Las doncellas, provenían de los pueblos sojuzgados por el Rey Minos. Era como una especie de impuesto.

Bien, Teseo decide matar al Minotauro, acción que probablemente evaluó como que era capaz de hacerlo. El reto, era poder salir vivo de un laberíntico ambiente, donde había infinidad de cuevas, galerías y pasajes. Teseo recibe la ayuda de Ariadna, una bella doncella que se enamoró de él. Ariadna entregó a Teseo una madeja de larguísimo hilo. Cuando el ateniense, entró a la cueva, fue desenrollando el hilo. El ateniense, mató al minotauro y luego logró encontrar la salida siguiendo el camino que le permitía el hilo señalizador.


Hansel y Gretel

Dos hermanitos, hijos de un leñador muy pobre, quien no tiene como alimentarlos decide llevar a Hansel y Gretel, al bosque y abandonarlos allí. El niño tuvo la precaución de ir marcando el camino que hicieron desde su casa al bosque, tirando pequeñas piedrecillas. Después, solo fue necesario realizar el camino inverso gracias a las piedrecillas y arribar a casa. En una segunda oportunidad, el padre opta por llevarlos a una parte del bosque mucho más recóndita. En esta ocasión, no hubo oportunidad de proveerse de piedras. Hansel usó pan, el cual lo fue partiendo y depositando a lo largo del trayecto. Pero las aves comieron el pan y los hermanitos no pudieron hallar el camino de vuelta. Quedaron perdidos.


El Pishtaco

Hay una novela de Mario Vargas Llosa: Lituma en los Andes. La historia transcurre en un campamento minero de la sierra del Perú. El Pishtaco es un personaje mítico, muy temido, a quien se le señala como desollador de personas, para extraerles la grasa del cuerpo, la cual después será comercializada por él. Las víctimas de acuerdo al mito son los viajeros solitarios, o gente de muy escasos recursos.

En "Lituma en los Andes" de Mario Vargas Llosa. Hay un capítulo donde uno de los personajes, evoca el mito del Pishtaco, quien asolaba a la población. Hubo vecinos desaparecidos, los pobaldores responsabilizaban a Pishtaco. Además debía proveerse al Pishtaco de mujeres para que estén a su servicio en las labores domésticas. El Pishtaco, no vivía en el pueblo, sino en unas cuevas con recovecos y pasajes. Es decir, si alguien entraba a los dominios del facineroso, pues salir de allí, era poco menos que imposible.

Un día, se aparece en el pueblo un "Príncipe Valiente", "Un Liberador", quien comunicó se encargaría de dar muerte al Pishtaco. Del recién venido, se enamoró una de las muchachas de la comunidad, quien trató de convencer al héroe para que desistiera de su objetivo. No lo logró. Entonces optó por ayudarlo. Le cocinó la comida favorita del valiente: Chupe, acompañando la preparación con buena dotación de un ají verde que cura el estreñimiento de los más aguantados. El engulló el banquete, e ingresó a las cavernas donde vivía el malhechor. Ya en el interior, el ají verde, comenzó a ejercer su poder. El valiente, comenzó a defecar cada cierto tramo. Todo el ambiente estaba a oscuras. Había telas de araña y nidos de murciélagos. Finalmente el héroe halló al Pishtaco y le mató. Para salir del enmarañado recoveco, solo tenía que seguir la senda de olor de los efectos causados por el ají verde.


Hasta aquí llegué por hoy amigos lectores.

domingo, 18 de noviembre de 2012

MIERA


En el camino que lleva al sembrado de camotes el negro don Andrés supo que en los últimos días el caporal Basaldúa se había puesto a hablar feas cosas de él.

Mientras compraba plantas en el sembrado y llenaba de camotes los serones de su burro, le dijeron lo mismo. Entonces no aguantó más: trepó al burro de un salto y enderezó por un atajo hacia la casa del caporal. Pero ahí le dijeron que se había ido a vigilar unos riegos en la Punta de la Isla y que volvería una semana después.

Sin decir nada pero aguantándose, don Andrés regresó rápidamente a su casa, se bajó casi arrojándose del burro, lo dejó plantado con los serones cargados, se metió corriendo en la primera habitación y llamó a su hija mayor:

-¡Patora! -los labios se le habían hinchado y parecían pelotas.

Saliendo de la habitación contigua, Pastora se presentó alarmada.

-Patora, tú que sabe equirbí, hame una cadta pa mandásela hata la Punta e la Ila a ese caporá Basadúa, que nuetá acá y sia ido pallá depué quiabló mal de mi. Yo te vua decí qué vas a poné en er papé.

-Ya, tata, vua traé papé y lápice -dijo la hija. Se metió en los interiores de la casa y poco después regresó.

-Ponle ahí, Patora -dijo don Andrés-, que su boca esuna miera, que su diente esota miera, su palaibra un montón de miera... Miera esa mula que monta. Miera su epuela. Miera su rebenque. Miera el sombreiro con quianda. Miera esa cotumbe e miera diandá mirando trabajo ajeno... Léemela, Patora, a ve que fartra.

Cuando la hija acabó de leer, don Andrés tenía un gesto de duda como si ya no confiara del todo en sus propias palabras.

-Oye, Patora -dijo finalmente-. quítale un poco e miera a ese papé.



"Antonio Gálvez Ronceros... en la colección de relatos: Monólogo desde las tinieblas, recoge, con espontaneidad y fluidez sin precedentes, una versión llena de humor y, por momentos, agria de la vida de los campesinos negros chinchanos, quienes en su propio lenguaje, gracias a las anónimas intervenciones del autor llegan a insospechados niveles filosóficos". (Tomado de: Monólogo desde las tinieblas de Antonio Gálvez Ronceros (Chincha 1932). Edición agosto del 2001, ediciones Juan Gutemberg.

Saludos amigos.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Los Sueños


Una niña, pasó la tarde atareada en envolver una cajita con papel dorado. Contenta de haber logrado su esfuerzo, sonrió. 

El papá, llegó a casa y la reconvino a actuar con mesura, ya que se había gastado todo el papel dorado y este era costoso. En casa, el dinero se hacía escazo. 

Al día siguiente, muy temprano. La niña sorpende al papá. Le entrega la cajita dorada y le dice que es el regalo por su cumpleaños. El papá se sintió un poco avergonzado. 

El padre, entusiasta, abrió la caja. Estaba vacía. Mas tarde, lo comentó con su hija: "la caja que me regalaste, no tenía contenido. No había nada" La niña le contestó: "No puede ser, antes de forrarla, la llené de sueños". 

Tiempo después, la niña sufrió un accidente y pasó al mundo espiritual. El papá colocó la cajita llena de sueños, sobre un velador y noche a noche, la cajita le alimentaba el espíritu con su contenido. 


Saludos Carlos el Narrador

Los Libros

Oscar a Mejor Cortometraje 


The fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessomore


Hola amigos. Una de las producciones premiadas en la noche del Oscar 2012, fue el cortometraje: "The Fantastic Flying Books of  Mr. Morris", traducido literalmente sería: El Fantástico Vuelo de los Libros del señor Morris Lessmore.

Uno de los productores del video es el señor William Joyce, trabajó con Bill Morris, vicepresidente de Literatura Infantil en Harper Collins. Quizás en honor a su mentor, Joyce puso el nombre de Mr. Morris como el protagonista de los fantásticos libros voladores de su corto.

La película, es una devoción a los libros. Saludos.

Carlos el narrador




lunes, 12 de noviembre de 2012

El Sueño del Sapo


Hola,

Ahora que estoy aplicando como cuentacuentos, pues me he aprendido una historia que disfruto siempre que la comparto, es de Javier Villafañe: El Sueño del Sapo. Aquí una versión de como la relato.


 

Una tarde,  un sapo, les dice a sus amigos: 

¡Esta noche, voy a soñar que soy árbol!

A la mañana siguiente más de cien sapos esperaban en la puerta de la cueva, a que el amigo, relate su sueño:
 
Anoche soñé que era árbol, con raíces profundas y tronco que llegaba a los cielos. Tenía ramas con hojas como si fueran alas. Pensé que volaba, pero era el viento llevándose las hojas. Creí que lloraba, pero era la lluvia que caía a través de mi. Siempre estaba en el mismo lugar. No me gustó ser árbol.
 
Dando saltos, el sapo se fue, junto a un perejil. Ya por la tarde, anunció que soñaría con ser río.
 
A la mañana siguiente, más de doscientos sapos esperaban el relato.
 
Anoche fui río. Quería llegar hasta las orillas para descansar en la tierra, pero no me fue posible. Llevaba y traía barcos. Había gente con prisa en llegar y con prisa en partir. Aprendí que el agua no se mueve, es la espuma la que avanza. Jamás vi una sirena. Solo peces y peces. Nada mas que peces. No me gustó ser río.
 
Y dando saltos, el sapo se fue, hasta una mata de yerbabuena.
 
Luego anunció que esa noche soñaría con ser caballo.
 
Al otro día, más de trescientos sapos, ansiosamente esperaban en la puerta de la cueva. 
 
Anoche fui caballo. Era un caballo hermoso. Un jinete que huía me daba latigazos para hacerme galopar. Sentí el palpitar de su corazón. Crucé caminos largos, puentes y pantanos. Vi mi rostro reflejado en el agua, cuando me agaché a beber en un arroyo. Después, me ataron a un madero. Vino la noche, apareció una estrella. Luego salió el sol. Un pájaro, se posó sobre mi lomo. No, no me gustó ser caballo.
 
Y así anunció que sería nube, luego otro día libélula y otro día viento. Para después contar cada mañana, que no le gustó soñar con ser nube, ni libélula ni viento.

Hasta que una mañana, el sapo salió de su cueva contento y sonriendo. Los amigos se preguntaban: ¿Con qué habrá soñado?
 
El les dijo: "Anoche, tuve el sueño más maravilloso del mundo. Soñé que era sapo"
 
 
 
 
 


domingo, 11 de noviembre de 2012

Átomo


Hola amigos. Quiero referirles un poco de mi y de mi faceta de narrador. Yo estudié Ingeniería Eléctrica y soy especialista en baterías, de esas que acumulan energía y son para aplicaciones en iluminación o sillas de ruedas a motor.

Yo de niño tuve la suerte de heredar una biblioteca. Bueno heredar es una forma de decirlo. Sucede que un señor que gustaba de las lecturas, al morir dejó en casa muchos textos. Su familia no compartía esa afición, así que los libros estaban deteriorándose. Un día, me dijeron: ¿Quieres llevarte los libros? y me los llevé a rastras dentro de un costal. Allí en esa talega, iban viajando los volúmenes, como pasajeros en apretado bus: Los Tres Mosqueteros de Alejandro Dumas. Sabiduría China, y La Importancia de Vivir de Ling Yutang. Los Perros Hambrientos, El Mundo es Ancho y Ajeno y La Serpiente de Oro, los tres de Ciro Alegría. Selva Trágica y Sangama de Arturo D. Hernández. También eran de la partida Julio Verne y su Miguel Strogoff. Esa experiencia de mudanza de libros, fue la simiente de la biblioteca que a lo largo de los años, he podido reunir. 

La más de las veces, los libros me han salido al encuentro. Claro hay ocasiones en que alguien me recomienda un título y entonces lo busco para leerlo. Pero usualmente, el libro es el que me encuentra.

Jesús es un amigo librero. El tiene su negocio en Quilca. Allí los libros están como en matorral,  en montañitas. Uno va buceando y va realizando sus hallazgos. El viernes pasado, Jesús me vendió un libro de la chilena editorial Zig Zag. Es un volumen en pasta negra y de título: ATOMO. El autor es Karl Aloys Schenzinger. La edición es del año 1957. Es una novela sobre la energía atómica, que arranca con los griegos Leucipo y Demócrito. No la he leído aun.

En la Internet, busqué información sobre el autor. No tuve éxito. Wikipedia tiene una corta referencia, pero en idioma alemán. Tampoco hay enlaces que me puedan informar sobre la novela. Así que esta es una oportunidad para hacer una reseña de este raro título.

Ayer me decía, vivimos tiempos de Internet. Ahora se cuenta con un medio que nos suministra información diversa y abundante sobre casi cualquier tema. Entonces: ¿Cómo se hacía antes investigación? ¿Cómo se seleccionaban los títulos a editar, sobre todo si estaban en idioma extranjero?  Es impresionante lo que se logró antes de la llegada de las www.

Donde Jesús, por ejemplo conocí la obra de Gary Jenning: Azteca, una novela "total" sobre los últimos días del Imperio Mexica. Esta historia, formaba parte de una trilogía. Luego de tres años, y gracias también a Jesús, logré completar los dos títulos restantes de la saga: Otoño Azteca y Sangre Azteca. En el último texto, se menciona a un personaje: La Monja Alférez, quien vivió en estas tierras, allá por el siglo XVII. Pues la historia de esa monja, también me la vendió Jesús.

Lo usual es redactar una glosa sobre un libro, luego de haberlo leído, y así compartir con el lector que se allegue por el blog, lo que uno aprendió y gustó de la novela. Pero lo que ahora escribo es referido a lo que todavía no leo. Espero que con mi discurrir, no esté cansando o desalentando a algún visitante que se avecine por Narracentro.

Sospecho que la trama de la novela de Aloys, va de divulgación científica. Siempre me apasionan los títulos que involucran descubrimientos en ciencias. Escribo esto, y me recuerdo la novela de José Calvo Poyato: Hypatia, la historia de la célebre matemática de la escuela de Alejandría. 

Hasta aquí llego por hoy. Gracias visitante por leerme. Por volver a este espacio. Por dejar algún comentario si es que así lo consideras necesario. Mientras preparo la glosa para la novela ATOMO, pues aquí la imagen del libro:





sábado, 10 de noviembre de 2012

MATRIOSKA


Cuento Anónimo de Rusia


El viejo Seguei había nacido al sur de la ribera oriental del Volga, cerca de la región del Caúcaso. Como sus padres, y los padres de sus padres, y aún incluso los padres de éstos, el viejo Serguei había dedicado su vida a transformar la madera. Como ya habrán imaginado, era carpintero. Fabricaba desde muebles a hermosos juguetes, caballos de cartón y móviles, pasando por silbatos tallados y hasta instrumentos musicales. Cada semana, salía a recoger la madera necesaria para sus jornadas de trabajo. La seleccionaba de forma precisa, y de una sola ojeada sabía para qué podría ser utilizada. Aquella noche había caído una abundante nevada. Sin embargo, cuando los primeros rayos perezosos de sol comenzaron a despertar, y pese al frío que helaba hasta el aliento, Seguei salió de la cabaña y recorrió lentamente el camino hacia el bosque. El suelo y las hojas de los árboles aparecían completamente pintados por la inmaculada nevada y aún incluso los rayos del sol, que empezaban a despuntar, reflejaban y lo deslumbraban con su luz blanquecina. 
 
Serguei recorrió un largo camino y no encontró más que pequeños maderos y troncones que, como mucho, le servirían para azuzar la estufa de la casa. Aquel no parecía que fuera a ser un día productivo porque los empleados de los grandes aserraderos no habían dejado ningún tronco olvidado o podrido. De pronto, en un claro del bosque, el viejo Serguei se fijó en un montón de nieve que sobresalía en el llano. Se acercó pensando que se trataría de un animal agazapado y al agacharse vio el más hermoso de los troncos que nunca antes había recogido. La madera, blanquecina, parecía brillar bajo los primeros rayos, y del grueso del tronco surgía un halo de vida, casi tan intenso como el de los oseznos al nacer. Serguei cogió con todas sus fuerzas el tronco en sus manos y lo llevó a casa. Pero, así, con aquella fuerza que desprendía, el viejo Serguei no sabía qué fabricar con él. Debía ser, sin duda, algo muy especial. 

Durante los siguientes dos días, con sus respectivas noches, Serguei no podía comer, ni dormir, ni trabajar. Tal era su obsesión por aquel tronco. Finalmente, una mañana, cuando había caído rendido por el cansancio, despertó y decidió, sin más, que fabricaría una muñeca. Aquel mismo día puso el tronco sobre la mesa de trabajo y empezó a tallarla suave y delicadamente. El trabajo, arduo, duró más de una semana, y cuando la terminó Serguei se sintió tan orgulloso de su obra que decidió no ponerla en venta y la guardó consigo... sin, duda, para que lo acompañara en su soledad. Le puso por nombre Matrioska. 

Cada mañana, Serguei se levantaba y la saludaba cortésmente antes de iniciar sus tareas: 

-Buenos días, Matrioska.
Un día tras otro repetía la misma cantinela, hasta que, de pronto, una mañana, un tenue susurro le respondió: 

-Buenos días, Serguei.
El viejo Serguei se quedó tremendamente impresionado y repitió: 

-Buenos días, Matrioska...
-Buenos días, Serguei -le contestó la muñeca, en un hilo de voz.
Maravillado, Serguei se acercó a la muñeca para comprobar que era ella quien hablaba y no sus viejos oídos los que le jugaban una mala pasada y, desde aquel día, vio acompañada su soledad por la pequeña Matrioska, que era un pozo de palabras y risas, y lo distraía y alegraba en su trabajo diario. Eso sí, Matrioska sólo hablaba cuando los dos, carpintero y muñeca, estaban solos. 

Una mañana Matrioska despertó muy triste. Serguei, que no tenía un pelo de tonto, había venido observando la tristeza en los ojos de la muñeca desde hacía varias semanas. Tras mucho rogarle, Matrioska, un poco avergonzada, le explicó que ella veía cada día por la ventana a los pájaros con sus crías, a los osos con sus oseznos, y hasta a las orugas que parecían verse perseguidas por millones de oruguitas que se enganchaban unas a otras formando una gran cordada... 

-Incluso tú -apuntó Matrioska- tú me tienes a mí, pero yo también querría tener una hija. 

-Pero entonces -respondió Serguei- tendría que abrirte y sacar la madera de dentro de ti, y sería doloroso y nada fácil. 

-Ya sabes que en la vida las cosas importantes siempre suponen pequeños sacrificios -respondió la dulce Matrioska. 

Y así fue como el viejo Seguei abrió a Matrioska y extrajo cuidadosamente la madera de su interior para hacer una muñeca, casi gemela, pero un poco más pequeña, a la que llamó Trioska. Desde aquel día, cada mañana, al levantarse, saludaba: 

-Buenos días, Matrioska; buenos días, Trioska. 
 
-Buenos días, Serguei; buenos días, Serguei -respondían ellas al unísono. 

Ocurrió que también Trioska sintió la necesidad de ser madre. De modo que el viejo Serguei extrajo la madera de su interior y fabricó una muñeca aún más pequeña, a la que puso por nombre Oska. Al cabo de un tiempo también Oska quería tener su propia hija, pero al abrirla Serguei se dio cuenta de que sólo quedaba un mínimo pedazo de madera, tan blanca como el primer día, pero del tamaño de un garbanzo. Sólo una muñeca más podría fabricarse. Entonces el viejo Serguei tuvo una gran idea. Fabricó un pequeño muñeco, y antes de terminarlo, le dibujó unos enormes bigotes y lo puso ante el espejo diciéndole:

-Mira Ka,... tú tienes bigotes. Eres un hombre, o sea, recuerda que no puedes tener un hijo o una hija de dentro de ti. 

Después abrió a Oska. Puso a Ka dentro de Oska. Cerró a Oska, abrió a Trioska. Puso a Oska dentro de Trioska. Cerró a Trioska, abrió a Matrioska. Puso a Trioska dentro de Matrioska y cerró a Matrioska.






Y esta es la historia de Seguei y su muñeca Matrioska. Un día Matrioska desapareció y nunca la han vuelto a encontrar. Estará en alguna tienda de antigüedades o en la estantería de alguna vieja librería. Si la encuentran no duden nunca en darle el mayor cariño, porque ella no dudó en hacer el mayor de los sacrificios por alcanzar algo tan importante como la maternidad.