martes, 26 de noviembre de 2013

Ludovico Einaudi


Ha sido para mi todo un hallazgo descubrir al genial pianista Einaudi. Esta interpretación: Nuvola Bianche, que se traduce como Nube Blanca, me transporta a mis años de niñez cuando alzando los ojos hasta allá arriba veía el racimo apretado de infinidad de nubes. Me ponía a pensar sino serían las celestiales coliflores que se destinarían para un menú de estrellas. En mi mente ensayaba maneras de poder alcanzarlas. Imaginaba que ponía una mesa de altas patas y sobre ella una escalera tijera de ventiún pasos que vi usando a un pintor… pero me convencía a mi mismo que el racimo blanco estaba mucho más arriba.


No…, para alcanzarlas no hacen falta mesas o altas escaleras. Basta con cerrar los ojos, escuchar a Einaudi, empinarse un poquito y estirar los brazos para coger las nubes. Si uno sigue teniendo la espiritualidad de un niño, les aseguro que se logra alcanzarlas.






Saludos amigos

domingo, 10 de noviembre de 2013

La combi


Hoy viajaba en el bus. Una señora le reclamaba a otra sobre su comportamiento. Le mencionaba su poco cuidado, ya que estaba dejando basura en el vehículo. La reclamante expresó en voz alta: Yo nací en el campo, pero uno no sabe adónde lo llevará la vida, y terminé aquí en esta caótica ciudad. ¡Yo soy serrana a mucha honra!

Yo iba sentado junto a a una viajera de mirada adusta, que asentía con la cabeza las afirmaciones de la orgullosa serrana. Yo le conté que vi a un escolar a quien quizás no le alcanzó la jornada en el colegio y se puso a comer su refrigerio en la combi. Sacó el alumno un taper y un tenedor y le dio trámite a su estofado de pollo. Terminado este, sacó su botella de agua de manzana. Hasta se echó su chanchito.

Luego le relaté que en otro viaje, un tipo sentado delante mío sacó una rasuradora y púsose a darse una afeitada y así llegar presentable a su cita. Hasta pretendió usar la luna de la ventana como espejo. La faena esta era muy graciosa, pero no tanto como la que vi la mañana de un lunes, en que una chica sacó de su bolso una cuchara sopera y comenzó a alisarse las pestañas.

Y no solo en el bus, agregué, se ven cosas interesantes. La señora volteó, y mirándome me dijo: cuénteme. Pues le referí que en el pujante distrito de Los Olivos, en una calle de veredas anchas donde habían cevicherías, pues estas adueñándose de la calzada, tenían mesas para sus comensales con cobertor de sombrilla. La brisa de la calle seguro les hacía pensar que estaban en el Caribe. Pero ocurre que esa calle era también paradero inicial de combis, las que al arrancar echaban su ecológico humito sobre el fresco ceviche, el cual se convertía desde ese momento en plato fusión: pescado fresco, sazonado con combustible diesel 2... la señora reía y reía. Le cambié el día. Ya no tenía la adusta mirada. Me dio un consejo: "Todo lo que me ha contado, debe escribirlo. Sería un éxito". Se despidió de mi mientras decía: "¡Esquina bajo!"



sábado, 5 de octubre de 2013

Historiador


Una tarde de febrero en Amazonas, en el campo ferial de libros usados, me encontré con Armando. El es historiador. En realidad no llegó a terminar la carrera, pero su especialidad es el Perú Colonial. Me dijo que tenía una urgencia de dinero y me ofreció un ejemplar de las Tradiciones Peruanas en la que únicamente estaba lo correspondiente al conquistador español: Francisco de Carbajal. El libro estaba en muy mal estado, pero con todas las hojas completas. Tenía abundantes ilustraciones, las tapas eran duras y el papel aunque bastante amarillo, era de textura muy suave. 

Mientras lo revisaba, Armando iba ponderando al libro, y yo recordaba que en casa tenía la colección completa de las Tradiciones, además de un estudio crítico de las mismas. Pregunté: ¿cuánto? El precio era algo elevado. Le dije que no.

Ese mismo día, ya en casa, en uno de mis libros revisé las referencias bibliográficas a Palma. En un apartado leí: "...una de las publicaciones de más difícil ubicación, por lo rara de la edición es la referida a: Tradiciones de Ricardo Palma dedicadas a Don Francisco de Carbajal". 

Yo esa tarde tuve un ejemplar. Mi indecisión respecto del precio fue el impedimento de lograr tener ese libro.

Han pasado ya unos diez años y nunca más he vuelto a ver 
ese título.







(FIN)

lunes, 30 de septiembre de 2013

Feria escolar de la ciencia


Trabajaba en una empresa de auto-partes y se realizaba una feria de auto-mecánica, con exhibición de productos. Yo tenía la tarea de atender en el stand de la empresa. Llegué a las 10, la feria se abría a las 12, así que a esperar. Salí del recinto ferial y en un local contiguo vi un letrero que anunciaba: Feria Escolar de la Ciencia y Tecnología. Ingresé. Una niña explicaba sobre los peligros del asbesto. Otra contaba sobre la aplicación del canto para los procesos de aprendizaje. Vi como tres estudiantes, frotaban una inmensa barra de fierro con una frazada, ellos querían producir electricidad estática. Quedé impresionado.


Me detuve ante un stand, donde un estudiante de Huancavelica me dijo: ¿Le explico?. Yo asentí. Él inició su discurso. Era un proyecto para obtener alimento de aves a partir de las residuos como cáscaras de fruta. Me iba dando la ruta de su inventiva: Acopio del material, secado al natural, secado con horno, molido, enrriquecimiento y finalmente: Prueba... esta consistía en que en una jaula, había una gallina que degustaba el balanceado alimento.


Fue tal el entusiasmo que capté, que perdí la noción del tiempo. A la carrera fui a la feria de mecánica y contagiado del espíritu del estudiantado pues comenzaba mi explicación a los visitantes y les relataba sobre las baterías para autos, los amortiguadores a base de gas y aceite, las pastillas para frenos, las hojas de muelle para la suspensión...
Amigos si pueden este año vayan a esa feria, les aseguro que el disfrute es garantizado y el ingreso es libre. La final nacional será en el mes de noviembre, yo les mantendré informados a través de Energicentro.





Saludos amigos

jueves, 26 de septiembre de 2013

Fundación de los abrazos











En Irak nació el primer poema de amor de la literatura universal, miles de años antes de su devastación:

Que el cantor teja en cantares
esto que voy a contarte

El canto contó, en lengua sumeria, el encuentro de una diosa y un pastor.

Inanna la diosa, amó esa noche como si fuera mortal. Dumuzi, el pastor, fue inmortal mientras duró esa noche.

(Espejos de Eduardo Galeano)

miércoles, 25 de septiembre de 2013

El Ajedrez



El juego del ajedrez fue inventado en la India. Cuando el rey hindú Sheram lo conoció, quedó maravillado de lo ingenioso que era y de la variedad de posiciones que en él son posibles. Al enterarse de que el inventor era uno de sus súbditos, el rey lo mandó llamar con objeto de recompensarle personalmente por su acertado invento.
 
El inventor, llamado Seta, presentóse ante el soberano. Era un sabio vestido con modestia, que vivía gracias a los medios que le proporcionaban sus discípulos.


—Seta, quiero recompensarte dignamente por el ingenioso juego que has inventado —dijo el rey.

El sabio contestó con una inclinación.

—Soy bastante rico como para poder cumplir tu deseo más elevado —continuó diciendo el rey—. Di la recompensa que te satisfaga y la recibirás.

Seta continuó callado.

—No seas tímido —le animó el rey—. Expresa tu deseo. No escatimaré nada para satisfacerlo.

—Grande es tu magnanimidad, soberano. Pero concédeme un corto plazo para meditar la respuesta. Mañana, tras maduras reflexiones, te comunicaré mi petición.


Cuando al día siguiente Seta se presentó de nuevo ante el trono, dejó maravillado al rey con su petición, sin precedente por su modestia.


—Soberano —dijo Seta—, manda que me entreguen un grano de trigo por la primera casilla del tablero del ajedrez.

— ¿Un simple grano de trigo? —contestó admirado el rey.

—Sí, soberano. Por la segunda casilla, ordena que me den dos granos; por la tercera, 4; por la cuarta, 8; por la quinta, 16; por la sexta, 32... y así hasta coompletar las 64 casillas del tablero.

Basta —interrumpióle irritado el rey—. Recibirás el trigo correspondiente a las 64 casillas del tablero de acuerdo con tu deseo: por cada casilla doble cantidad que por la precedente. Pero has de saber que tu petición es indigna de mi generosidad. Al pedirme tan mísera recompensa, menosprecias, irreverente, mi benevolencia. En verdad que, como sabio que eres, deberías haber dado mayor prueba de respeto ante la bondad de tu soberano. Retírate. Mis servidores te sacarán un saco con el trigo que solicitas.


Seta sonrió, abandonó la sala y quedó esperando a la puerta del palacio.


Durante la comida, el rey acordóse del inventor del ajedrez y envió a que se enteraran de si habían ya entregado al irreflexivo Seta su mezquina recompensa.





Por la segunda casilla, ordena que me den dos granos




—Soberano, están cumpliendo tu orden —fue la respuesta—. Los matemáticos de la corte calculan el número de granos que le corresponde.

El rey frunció el ceño. No estaba acostumbrado a que tardaran tanto en cumplir sus órdenes.

Por la noche, al retirarse a descansar, el rey preguntó de nuevo cuánto tiempo hacía que Seta había abandonado el palacio con su saco de trigo.

—Soberano —le contestaron—, tus matemáticos trabajan sin descanso y esperan terminar los cálculos al amanecer.

— ¿Por qué va tan despacio este asunto? —gritó iracundo el rey—. Que mañana, antes de que me despierte, hayan entregado a Seta hasta el último grano de trigo. No acostumbro a dar dos veces una misma orden.


Por la mañana comunicaron al rey que el matemático mayor de la corte solicitaba audiencia para presentarle un informe muy importante.

El rey mandó que le hicieran entrar.

Antes de comenzar tu informe —le dijo Sheram—, quiero saber si se ha entregado por fin a Seta la mísera recompensa que ha solicitado.

—Precisamente por eso me he atrevido a presentarme tan temprano —contestó el anciano—. Hemos calculado escrupulosamente la cantidad total de granos que desea recibir Seta. Resulta una cifra tan enorme...

—Sea cual fuere su magnitud —le interrumpió con altivez el rey— mis graneros no empobrecerán. He prometido darle esa recompensa, y por lo tanto, hay que entregársela.


Soberano, no depende de tu voluntad el cumplir semejante deseo. En todos tus graneros no existe la cantidad de trigo que exige Seta. Tampoco existe en los graneros de todo el reino. Hasta los graneros del mundo entero son insuficientes. Si deseas entregar sin falta la recompensa prometida, ordena que todos los reinos de la Tierra se conviertan en labrantíos, manda desecar los mares y océanos, ordena fundir el hielo y la nieve que cubren los lejanos desiertos del Norte. Que todo el espacio sea totalmente sembrado de trigo, y ordena que toda la cosecha obtenida en estos campos sea entregada a Seta. Sólo entonces recibirá su recompensa.


El rey escuchaba lleno de asombro las palabras del anciano sabio.

—Dime cuál es esa cifra tan monstruosa —dijo reflexionando.

— ¡Oh, soberano! Dieciocho trillones cuatrocientos cuarenta y seis mil setecientos cuarenta y cuatro billones setenta y tres mil setecientos nueve millones quinientos cincuenta y un mil seiscientos quince:



18 446 744 073 709 551 615.



(FIN)

Para hacernos una idea de la inmensidad de esta cifra, calculemos aproximadamente la magnitud del granero capaz de almacenar esta cantidad de trigo. Es sabido que un metro cúbico de trigo contiene cerca de 15 millones de granos. En ese caso, la recompensa del inventor del ajedrez deberá ocupar un volumen aproximado de 12 000 000 000 000 m3, o lo que es lo mismo, 12 000 km3. Si el granero tuviera 4 m de alto y 10 m de ancho, su longitud habría de ser de 300 000 000 km, o sea, el doble de la distancia que separa la Tierra del Sol.


El rey hindú, naturalmente, no pudo entregar semejante recompensa. 

martes, 24 de septiembre de 2013

Una Chica en Vestido Rosa


Tenía un moño de color rosa
y zapatos rosas.
El vestido iba ceñido a sus formas.


Yo la miré.
Me pregunté: ¿cómo se llamará?


Ella avanzaba,
mentalmente yo iba con ella.
La chica rosa caminando,
yo andando con la mirada.
De pronto, se voltea,
me mira, se sonríe.


A pesar que eran ya las 6 de la tarde,
de un día nublado,
para mí como que recién amanecía.


Ella me miró solo un segundo.
Y eso me equivale
a una eternidad


(FIN)