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domingo, 10 de noviembre de 2013

La combi


Hoy viajaba en el bus. Una señora le reclamaba a otra sobre su comportamiento. Le mencionaba su poco cuidado, ya que estaba dejando basura en el vehículo. La reclamante expresó en voz alta: Yo nací en el campo, pero uno no sabe adónde lo llevará la vida, y terminé aquí en esta caótica ciudad. ¡Yo soy serrana a mucha honra!

Yo iba sentado junto a a una viajera de mirada adusta, que asentía con la cabeza las afirmaciones de la orgullosa serrana. Yo le conté que vi a un escolar a quien quizás no le alcanzó la jornada en el colegio y se puso a comer su refrigerio en la combi. Sacó el alumno un taper y un tenedor y le dio trámite a su estofado de pollo. Terminado este, sacó su botella de agua de manzana. Hasta se echó su chanchito.

Luego le relaté que en otro viaje, un tipo sentado delante mío sacó una rasuradora y púsose a darse una afeitada y así llegar presentable a su cita. Hasta pretendió usar la luna de la ventana como espejo. La faena esta era muy graciosa, pero no tanto como la que vi la mañana de un lunes, en que una chica sacó de su bolso una cuchara sopera y comenzó a alisarse las pestañas.

Y no solo en el bus, agregué, se ven cosas interesantes. La señora volteó, y mirándome me dijo: cuénteme. Pues le referí que en el pujante distrito de Los Olivos, en una calle de veredas anchas donde habían cevicherías, pues estas adueñándose de la calzada, tenían mesas para sus comensales con cobertor de sombrilla. La brisa de la calle seguro les hacía pensar que estaban en el Caribe. Pero ocurre que esa calle era también paradero inicial de combis, las que al arrancar echaban su ecológico humito sobre el fresco ceviche, el cual se convertía desde ese momento en plato fusión: pescado fresco, sazonado con combustible diesel 2... la señora reía y reía. Le cambié el día. Ya no tenía la adusta mirada. Me dio un consejo: "Todo lo que me ha contado, debe escribirlo. Sería un éxito". Se despidió de mi mientras decía: "¡Esquina bajo!"



miércoles, 17 de octubre de 2012

Canción a Dúo



Viajo seguido en combi, ya que cruzo la ciudad de punta a punta.  Hoy partí de El Callao a Chorrillos. Salí tempranito, para ganarle al “gentío de vehículos” que hacen lenta la marcha.
Subió un vendedor y comenzó con su conocido discurso:
“Disculpen que les interrumpa su lindo viaje…” eso de lindo, no se si es sorna, toque de humor o conmiseración. El caso es que se puso a cantar: “Hace tiempo que mi vida no tiene valor…” en eso del fondo de la combi, un perrito ladra. Continúa el cantante: ” Desde esa noche, nunca mas volví a reir, llevo dentro el castigo de no serte fiel…” y el perro nuevamente: guau guau. El cantante no perdía el ritmo: “Tu gran amor oohhh oohhh. No puedo mas vivir sin ti, lejos de ti voy a morir, ay como duele…”, y el perro, otra vez ladra. El pasajero al costado de mi dijo en voz alta: “Cántate otra canción, pero que no la sepa el perro”
No necesité mas para sonreir y reir. Llegué a mi destino, recordando al duo humano-canino. Hoy a pesar del frio, se me abrigó el alma.






Saludos

Nota: Imagen del blog:  brujulaveterinaria