sábado, 10 de noviembre de 2012

MATRIOSKA


Cuento Anónimo de Rusia


El viejo Seguei había nacido al sur de la ribera oriental del Volga, cerca de la región del Caúcaso. Como sus padres, y los padres de sus padres, y aún incluso los padres de éstos, el viejo Serguei había dedicado su vida a transformar la madera. Como ya habrán imaginado, era carpintero. Fabricaba desde muebles a hermosos juguetes, caballos de cartón y móviles, pasando por silbatos tallados y hasta instrumentos musicales. Cada semana, salía a recoger la madera necesaria para sus jornadas de trabajo. La seleccionaba de forma precisa, y de una sola ojeada sabía para qué podría ser utilizada. Aquella noche había caído una abundante nevada. Sin embargo, cuando los primeros rayos perezosos de sol comenzaron a despertar, y pese al frío que helaba hasta el aliento, Seguei salió de la cabaña y recorrió lentamente el camino hacia el bosque. El suelo y las hojas de los árboles aparecían completamente pintados por la inmaculada nevada y aún incluso los rayos del sol, que empezaban a despuntar, reflejaban y lo deslumbraban con su luz blanquecina. 
 
Serguei recorrió un largo camino y no encontró más que pequeños maderos y troncones que, como mucho, le servirían para azuzar la estufa de la casa. Aquel no parecía que fuera a ser un día productivo porque los empleados de los grandes aserraderos no habían dejado ningún tronco olvidado o podrido. De pronto, en un claro del bosque, el viejo Serguei se fijó en un montón de nieve que sobresalía en el llano. Se acercó pensando que se trataría de un animal agazapado y al agacharse vio el más hermoso de los troncos que nunca antes había recogido. La madera, blanquecina, parecía brillar bajo los primeros rayos, y del grueso del tronco surgía un halo de vida, casi tan intenso como el de los oseznos al nacer. Serguei cogió con todas sus fuerzas el tronco en sus manos y lo llevó a casa. Pero, así, con aquella fuerza que desprendía, el viejo Serguei no sabía qué fabricar con él. Debía ser, sin duda, algo muy especial. 

Durante los siguientes dos días, con sus respectivas noches, Serguei no podía comer, ni dormir, ni trabajar. Tal era su obsesión por aquel tronco. Finalmente, una mañana, cuando había caído rendido por el cansancio, despertó y decidió, sin más, que fabricaría una muñeca. Aquel mismo día puso el tronco sobre la mesa de trabajo y empezó a tallarla suave y delicadamente. El trabajo, arduo, duró más de una semana, y cuando la terminó Serguei se sintió tan orgulloso de su obra que decidió no ponerla en venta y la guardó consigo... sin, duda, para que lo acompañara en su soledad. Le puso por nombre Matrioska. 

Cada mañana, Serguei se levantaba y la saludaba cortésmente antes de iniciar sus tareas: 

-Buenos días, Matrioska.
Un día tras otro repetía la misma cantinela, hasta que, de pronto, una mañana, un tenue susurro le respondió: 

-Buenos días, Serguei.
El viejo Serguei se quedó tremendamente impresionado y repitió: 

-Buenos días, Matrioska...
-Buenos días, Serguei -le contestó la muñeca, en un hilo de voz.
Maravillado, Serguei se acercó a la muñeca para comprobar que era ella quien hablaba y no sus viejos oídos los que le jugaban una mala pasada y, desde aquel día, vio acompañada su soledad por la pequeña Matrioska, que era un pozo de palabras y risas, y lo distraía y alegraba en su trabajo diario. Eso sí, Matrioska sólo hablaba cuando los dos, carpintero y muñeca, estaban solos. 

Una mañana Matrioska despertó muy triste. Serguei, que no tenía un pelo de tonto, había venido observando la tristeza en los ojos de la muñeca desde hacía varias semanas. Tras mucho rogarle, Matrioska, un poco avergonzada, le explicó que ella veía cada día por la ventana a los pájaros con sus crías, a los osos con sus oseznos, y hasta a las orugas que parecían verse perseguidas por millones de oruguitas que se enganchaban unas a otras formando una gran cordada... 

-Incluso tú -apuntó Matrioska- tú me tienes a mí, pero yo también querría tener una hija. 

-Pero entonces -respondió Serguei- tendría que abrirte y sacar la madera de dentro de ti, y sería doloroso y nada fácil. 

-Ya sabes que en la vida las cosas importantes siempre suponen pequeños sacrificios -respondió la dulce Matrioska. 

Y así fue como el viejo Seguei abrió a Matrioska y extrajo cuidadosamente la madera de su interior para hacer una muñeca, casi gemela, pero un poco más pequeña, a la que llamó Trioska. Desde aquel día, cada mañana, al levantarse, saludaba: 

-Buenos días, Matrioska; buenos días, Trioska. 
 
-Buenos días, Serguei; buenos días, Serguei -respondían ellas al unísono. 

Ocurrió que también Trioska sintió la necesidad de ser madre. De modo que el viejo Serguei extrajo la madera de su interior y fabricó una muñeca aún más pequeña, a la que puso por nombre Oska. Al cabo de un tiempo también Oska quería tener su propia hija, pero al abrirla Serguei se dio cuenta de que sólo quedaba un mínimo pedazo de madera, tan blanca como el primer día, pero del tamaño de un garbanzo. Sólo una muñeca más podría fabricarse. Entonces el viejo Serguei tuvo una gran idea. Fabricó un pequeño muñeco, y antes de terminarlo, le dibujó unos enormes bigotes y lo puso ante el espejo diciéndole:

-Mira Ka,... tú tienes bigotes. Eres un hombre, o sea, recuerda que no puedes tener un hijo o una hija de dentro de ti. 

Después abrió a Oska. Puso a Ka dentro de Oska. Cerró a Oska, abrió a Trioska. Puso a Oska dentro de Trioska. Cerró a Trioska, abrió a Matrioska. Puso a Trioska dentro de Matrioska y cerró a Matrioska.






Y esta es la historia de Seguei y su muñeca Matrioska. Un día Matrioska desapareció y nunca la han vuelto a encontrar. Estará en alguna tienda de antigüedades o en la estantería de alguna vieja librería. Si la encuentran no duden nunca en darle el mayor cariño, porque ella no dudó en hacer el mayor de los sacrificios por alcanzar algo tan importante como la maternidad.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

ANÓNIMO



UN gallinazo cojo, con una pata de cera, furioso ante su desgracia, le preguntó a Dios:


¿Dios, tan valiente eres que hiciste la hombre, hombre que hace lima, lima que afila cuchillo, cuchillo que mata toro, toro que toma agua, agua que apaga candela, candela que quema palo, palo que mata perro, perro que ahuyenta gato, gato que come ratón, ratón que agujerea pared, pared que ataja viento, viento que arrastra nube, nube que cubre sol, sol que quema piedra, piedra que derrite mi patita de cera?


 Dios lo miró desconcertado, no pudo contestarle.







Tomado de: Tierra de Caléndula de Gregorio Martinez. Editorial Milla Batres, año 1975.

martes, 6 de noviembre de 2012

Teatro de títeres

 
Querido Niño Pobre

Te han pedido en la escuela que escribas lo que sepas sobre el teatro de títeres. Yo soy titiritero, y coincide que un grupo de nosotros estamos actuando en los colegios intentando saber, con vuestras redacciones, lo que pensáis sobre nosotros, sobre nuestros muñecos. Y tú has escrito, porque el maestro te lo ha mandado.

Los políticos no piensan en vosotros, ni siquiera a la hora de prometer, acaso por que no tenéis voto. Pero algún día, alguien con sensibilidad ocupará un cargo en la administración. Y ese alguien pensará que los niños también son personas, personas pequeñas, con sus pequeños derechos y sus pequeñas obligaciones. Y entonces, ese alguien se ocupará de vosotros. No sobre el papel, sino en la realidad. Y entonces habrá teatro de títeres en la escuela. Y en los barrios, y en esos locales que tanto han costado construir, y tan poco ha costado abandonar, pues muchas veces se construye para justificar gastos. Y entonces tú no escribirás esas cartas querido niño pobre. No tendrás que sacudir las conciencias con aldabonazos como el que ha hecho retemblar la mía. No tendrás que estremecer a nadie con tus reproches.

¿Tú sabes la carga de dinamita que hay en esa frase tuya? ¿La repasamos? Has escrito: “Yo no he visto nunca un teatro de títeres, porque los niños pobres no podemos ir al teatro”.

Querido niño pobre: Hubo una vez un titiritero, amigo de los niños (era poeta), que se llamaba Federico. Y este poeta le escribió a uno de sus títeres, Don Cristobitas, diciéndole que cuando fuera viejecito irían los dos, el poeta y el muñeco, por los pueblos, para hacer reír a los niños que nunca estuvieron en un teatro.

Federico no pudo cumplir su deseo pues la poesía, y la cultura y el teatro molestan a muchos, ya que un pueblo culto, amante del teatro, de la poesía y de los niños, no puede ser tan fácilmente esclavizado. Por eso Federico cayó acribillado en una cuneta uno de esos amaneceres granadinos que tanto cantó.

Pero su deseo sigue en pie, y si él no pudo, creemos que alguien recorrerá esos caminos, y hará llegar su mensaje de amor y optimismo a los niños pobres que no pueden ir al teatro.
 
Querido niño pobre: hoy al leerte me has hecho recordar que yo tampoco podía ir... y he llorado ahora todo lo que no lloré entonces.

Gracias

Tu amigo titiritero
Francisco PORRAS

P.D. Alguien creerá en Alcoy que tú no has escrito esto, que los niños no escriben así, que todo es una invención de una incordiante persona mayor. Tú y yo sabemos la verdad. Sabemos que tus maestros del Grupo Escolar Juan XXIII te llevaron -¡al fin!- a ver nuestros títeres en el Salón de Actos de la Caja de ahorros. No se lo van a creer porque es más cómodo ignorar ciertas cosas. ¿A quién le importan los niños pobres? Por cierto: ¿sabes que este año es el Año Internacional del Niño? ¿Sabes que en la Declaración de los Derechos del Niño, firmada por la O.N.U. se afirma que "El niño debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones"? Claro que, bien mirado ¿a quién le importa lo que digan las Naciones Unidas?

Vale.

 



Texto tomado de: Los Títeres de Falla y García Lorca. Autor: Francisco Porras Soriano)

Notas:
1)Alcoy es una ciudad española, ubicada en la comunidad valenciana. Esta carta apareció publicada alrdedor del año de 1979.
2) Un grupo de titiriteros, estuvo dando actuaciones gratuitas en escuelas de toda España (años 1978 y 1979). Los niños "pagaban" con una redacción sobre el Teatro de Títeres. Se pretendía conocer la forma más apropiada de llegar al niño a través de esos escritos de los mismos niños. En una población alicantina surgió la frase básica de el estudio. Y por ella fue escrito el artículo "Querido Niño Pobre" y publicado en un diario de la localidad.

Esta entrada es una contribución de: Titerecentro, la casa de Ño y Ña Trapitos.

lunes, 5 de noviembre de 2012

La Flor Mas Grande Del Mundo



¿Y si las historias para niños 
fueran lectura obligada para los adultos?

¿Seríamos realmente capaces de aprender 
lo que desde hace tanto tiempo, venimos enseñando? 
(José Saramago)



Hola amigos. En el post anterior, relatamos una historia contada por el escritor peruano José María Arguedas. Era una experiencia de cuando él era un niño de siete años. Hoy comparto con ustedes un cuento de José Saramago: "La flor mas grande del mundo", una historia para niños.

La casualidad o el destino, hace que la historia de Arguedas, tenga una trama muy similar a la de Saramago: salvar una planta.

Saramago confiesa que no sabe escribir historias para niños, ya que ellos gustan de relatos con palabras sencillas. Aquí el texto, hecho a mi entender, luego de visionar el video del cuento (el relato no pone nombre ni edad al niño, yo le asigné Santiago y siete años).




Santiago tiene siete años. Un día, descubre un pequeño escarabajo, lo coge y lo guarda en una cajita, ya que quiere enseñárselo a sus padres.

Muestra la caja al papá, pero este va muy ocupado. Intenta el niño hacerlo con la mamá, pero ella se encuentra atareada con un recetario. A nadie en casa parece importarle los descubrimientos que el realiza. Abre la cajita y el insecto sale volando. Al fondo de la casa hay un muro y por allí se va el escarabajo.

Santiago corre tras el. Hay una escalera apoyada en el muro, sube el niño, ve un mundo. Hay casas, luego un rio y finalmente un bosque. Santiago salta el muro, y va bajando hacia el río. Al llegar a la rivera, camina a lo largo de ella, hasta un puentecito. No se decide a cruzar. Finalmente lo hace y llega al bosque.

Era un bosque inmenso. Con muchos árboles, cantos de aves y numerosas mariposas. Santiago camina y camina, hasta que el bosque se termina, y llega a un lugar donde solo hay  tierra y cascajo. Allí divisa una montaña en forma de taza de esas en que nos sirven el desayuno, pero era una taza puesta de cabeza.

Asciende la montaña. Al llegar a la cima, se encuentra con una flor que está muy débil por falta de riego. El niño la mira, la acaricia y decide traerle agua.

Baja la montaña, atraviesa el bosque y llega al rio. Recoge agua en sus manos y regresa hasta la flor. Solo llegaron tres gotitas, las que fueron absorbidas por la tierra seca. Santiago repitió y repitió el recorrido, hasta que la flor tomó vida y creció como del tamaño de un árbol, ya se sentía el perfume que echaba al aire.

Santiago cansado por el esfuerzo, se quedó dormido al pie de la flor. Ésta, soltó un pétalo que a manera de cobertor abrigó al niño.

Los padres en casa, se dan cuenta que falta el hijo. La abuela mira la escalera en el muro y dice: "Por allí salió". Juntamente con los vecinos, se forma un grupo de búsqueda. Llegan al rio, cruzan el puente y se internan en el bosque. Caminan y hasta el lugar donde está la montaña en forma de taza. Suben a la cima y encuentran a la flor inmensa y a Santiago durmiendo a sus pies. El había salvado a la flor.




Saludos amigos. Espero sus comentarios.

Nota: La imagen de José Saramago, es del blog: Los cuentos de Apolonia.

sábado, 3 de noviembre de 2012

El Maiz



"Cuando yo tenía unos siete años de edad, encontré en el camino seco, sobre un cerro, una pequeñísima planta de maíz que había brotado por causa de alguna humedad pasajera o circunstancial del suelo o porque alguien arrojó agua sobre un grano caído por casualidad. La planta estaba casi moribunda. Me arrodillé ante ella; le hablé un buen rato con gran ternura. Bajé toda la montaña, unos cuatro kilómetros y llevé agua en mi sombrero de fieltro desde el río. Llené el pequeño pozo que había construído alrededor de la planta y dancé un rato de alegría. Vi como el agua se hundía en la tierra y vivificaba a esa tiernísima planta. Me fui seguro de haber salvado a un amigo, de haber ganado la gratitud de las grandes montañas, del río y los arbustos secos..."
 
(José María Arguedas).

 


Tomado de Nosostros los Maestros, año 1986



viernes, 2 de noviembre de 2012

Leer


Mi mamá gustaba de la lectura. Digo gustaba, porque ahora ella está en el mundo espiritual. No terminó la primaria, y siempre hacia esfuerzos en su economía para procurarme libros o revistas. Mi mamá leía y leía. Se pasaba tardes enteras.

Comentábamos lo que mutuamente íbamos aprendiendo. Ella cayó enferma y comenzó a perder la visión. Así que le buscaba libros con letras grandes. Después perdió fuerza en los brazos, así que encontré textos tipo tríptico, como eran antes los silabarios. Mi mamá terminó leyendo entonces, narraciones cortas, y lo mejor, seguíamos comentando.

Cuando uno lee, puede... viajar sin moverse. Puede aprender... disfrutándolo. Puede amar... digo, a la vida.




Saludos amigos.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Imaginación


A la edad de doce años, estaba yo en el 2do de media y tenía dos compañeros: Chipana y Cabanillas. No recuerdo sus nombres. Vivían en La Tablada y salían de casa a las 5 de la mañana, ya que si no les era imposible llegar al colegio. Mas que las clases, ellos tenían un leitmotiv: Los Platillos Voladores.

Chipana y Cabanillas eran adeptos y adictos al tema de los extraterrestres. Tenían un folder lleno de recortes de periódico sobre ovnis. Era tanta su afición, que se quedaban en el patio y no entraban al salón, para seguir con sus lecturas.

Hasta que su imaginación les llevó a la idea de concebir publicar un libro. Como no tenían otra opción, lo hicieron de hojas de cuaderno. Allí a mano iban transcribiendo los artículos o lo que ellos tenían de entendimiento el tema de cada escrito. El “libro” era ilustrado con los dibujos que ellos mismos hacían a lapicero. Uno podía ver los ovnis o al rey maya de Palenque sentado en su nave espacial. Al libro le cosieron las páginas y las numeraron. En la portada se leía: OVNIS, y claro aparecían los nombres de los dos autores.

Tuvo tal impacto, que los compañeros (a veces dos lectores a la vez), disfrutábamos del “libro” manuscrito. En ocasiones, incluso permitían llevarlo a casa. Eran más efectivos en el préstamo de su “libro” que lo que pasaba con los textos de la biblioteca de la escuela.

Lo que más recuerdo, era la 1ra hoja del libro. Allí se repetía lo de OVNI, un dibujo de un platillo en la luna y el nombre de los autores, e incluso el año de edición. En la parte baja había una nota, precedida por: Importante.

La nota decía: Este libro, ha sido traducido del italiano al alemán. Del alemán al francés. Del francés al inglés, y del inglés al castellano, por tanto los autores no se responsabilizan por cualquier error en la información.

Chipana y Cabanillas, si que tenían imaginación.



Saludos