lunes, 9 de marzo de 2015

Microondas








Era el primero de abril. Primer día de escuela. Los alumnos a la carrera iban a sus colegios. Antes era así. Ahora las clases empiezan en marzo. Son más horas lectivas dicen. 

Yo iba con rumbo a Surco. Me llamaron para resolver una emergencia eléctrica. Llegué a la casa. Por error se había conectado un equipo microondas de 110 voltios a una toma enchufe 220. Lo correcto era usar un transformador. Los microondas eran novedad y aun no se vendían en Perú. Un electricista estaba ya revisando el equipo y detectó que un fusible estaba fundido. Lo cambió, y listo. Se conectó el transformador y se encendió el microondas. Ocurrió una explosión. El electricista se puso nervioso. El dueño de la casa amenazaba con hacerle pagar el equipo. 

Retiré la tapa del microondas. Saqué un cobertor metálico y accedí al circuito. Dentro de una cavidad ubiqué un plano con todos los detalles técnicos. Miré el plano, miré el circuito y detecté una pieza carbonizada. Según el plano se trataba de un Varistor. Yo jamás había conocido un dispositivo así.

Retiré el Varistor o lo que quedaba de el. Cogí el plano y me fui a buscar el reemplazo. Mientras iba por las calles observaba a los niños uniformados rumbo al colegio. Vi una niña quien llevaba a otra sobre sus espaldas. La chica tenía unos fierros de ortopedia. De seguro tiempo faltaba, y había que llegar a la hora para aprender. Miré el esfuerzo de ambas. Ellas tenían coraje y afrontaban algo muy serio. Eso era nada comparado con mi Varistor.

Caminé por todas las tiendas de electrónica y nadie conocía esa pieza. En un local puse el Varistor sobre el mostrador. El tipo que atendía me dijo: ¡Varistor!. Era la primera vez que alguien sabía del tema. Conversamos:

-Necesito el reemplazo, pero no se el código.
-¿Es de 110 o 220 voltios?
-110

El técnico cogió una regla y midió lo que quedaba del varistor. Luego calculó un área y se fue al catálogo. Buscó y buscó y me dio el código: 4K110R.

-No tengo ese repuesto.
-¿Dónde lo ubico?
-Recuay cuadra dos en Breña.

Fui a Recuay. Eran ya casi las 6 de la tarde. 

-¿Varistor 4K110R?
-No hay. Llega en una semana. Debes pagar por adelantado.

Pagué y regresé a la semana. Me dieron el varistor.

Lo conecté al equipo y este encendió.

Siempre que es el primer día de escuela, recuerdo esta historia. Pude resolver un problema técnico, pero lo que mas me marcó del día fue ver a las dos niñas ayudándose para llegar a al escuela. Nunca me olvido de eso. Era el anhelo del saber.

(FIN)

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viernes, 6 de marzo de 2015

Un pintor y la nota 21






En un colegio del Cusco el maestro dice a sus alumnos que hagan un dibujo ya que esa es la tarea del día. El maestro al final iba poniendo notas en cada una de los trabajos. De pronto uno de los dibujos lo impactó y lo juzgo de calidad. Sin dudarlo le puso de nota 21, y así lo constó en el registro escolar.

Días después el director le reconvino: "Usted sabe que de acuerdo a las normas del Ministerio de Educación la nota máxima es veinte. Así que borre el 21 y ponga 20.

El maestro dijo que el trabajo era extraordinario y merecía más de veinte. El director argumentaba y llegó a sentenciar: "Si no lo corrige, tendré que dejarlo sin su empleo". El maestro respondió: Pues me quedo sin empleo... (y era el único sustento del maestro).

Años después en una calle del Cusco coinciden el director y el maestro. Ya se van a encontrar, entonces el director baja a la pista. Se produce el diálogo:

-Señor director, ¿por qué baja a la pista?
-Sabes el niño al que le pusiste 21 y que yo te hice ponerle 20, pues ganó una beca de pintura para el Brasil. Ahora está en Europa. Es un gran pintor. Yo soy un burro por eso me bajo a la pista. En cambio tu eres un maestro.

(FIN)

El niño pintor era: Don Alberto Quintanilla.



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jueves, 5 de marzo de 2015

El Perro enamorado de la luna







Un perro se había enamorado de la luna y cada noche subía a una alta montaña para declararle su amor a la mama Killa.
Un día el perro y la Cabeza Volante (Willaq Uma) se encuentran y conversan:

-Cabeza hazme un favor. Yo quisiera que me digas como ir hasta la luna.
-Yo no se como puedas ir. Pero como estás enamorado, de repente se produce un milagro y una noche la luna te llama.

El perro seguía aullando. Pidiéndole a la luna. Aullándole.

Cosa curiosa el perro una noche comienza a volar y se va hasta la luna. Se encuentra con ella, la quiere y se la lleva. El mundo queda en tinieblas. A los nueve meses, la luna vuelve con el perro a las playas de Chan-Chan y la luna está en cinta del perro y la luna da a luz a los Chimú. De la unión del perro y la luna, nacen los Chimú.

(FIN)



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lunes, 2 de marzo de 2015

El Cantor


Cuando Alfredo Zitarrosa murió en Montevideo, su amigo Juceca subió con él hasta los portones del Paraíso, por no dejarlo solo en esos trámites.  
Y cuando volvió, nos contó lo que había escuchado.  
San Pedro preguntó nombre, edad, oficio. 
- Cantor - dijo Alfredo.  
El portero quiso saber: cantor de qué. 
- Milongas - dijo Alfredo.  
San Pedro no conocía. Lo picó la curiosidad, y mandó: 
-Cante.  
Y Alfredo cantó. Una milonga, dos, cien. 
San Pedro quería que aquello no acabara nunca. 
La voz de Alfredo, que tanto había hecho vibrar los suelos, estaba haciendo vibrar los cielos.  
Entonces Dios, que andaba por ahí pastoreando nubes, paró la oreja. 
Y ésa fue la única vez que Dios no supo quién era Dios. 

(Eduardo Galeano) 






Saludos amigos


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sábado, 28 de febrero de 2015

El mimo Jorge Acuña, héroe del pueblo



Los artistas son hombres extraordinarios.  Creo, que si Dios existiese serían sus mensajeros enviados para transformar la realidad, de su aspecto desabrido, en un mundo de encantamiento.  Sin embargo, son hombres comunes y corrientes cuando están entre sus iguales, es decir, entre la gente del pueblo en cualquier lugar en que se encuentren; ya fuese en Chucschi o en Estocolmo.  Como es el caso de nuestro querido Jorge Acuña.

Pero cuando los artistas ejercen la magia de su arte se trasmutan en mensajero de los dioses y todos caen embelesados bajo el influjo de su capacidad expresiva; de la elocuencia del silencio del mimo Jorge Acuña.  Llevo su arte a la calle, a la plaza, a las plazuelas y parques de Lima.  Pero sobre todo, a los pequeños pueblos del Perú.

Jorge Acuña es amado y reconocido por personas anónimas del pueblo sin gritos estridentes ni histéricos sino como si fueran sus familiares queridos.  Esos son los artista populares que están a gusto fuera del mercado de las ilusiones fabricadas y no sentidas.  Lo arriesgan todo por llevar el arte al pueblo y a la vez darles –sin proponérselo muchas veces-  una esperanza de reivindicación social.  Son los héroes populares sin mayores aspavientos que deambulan por el mundo con una brújula implantada en el corazón.  Al conocerlos uno cree que son sus viejos amigos que los han reencontrado y hasta le palmotea la espalda como muestra de confianza y cariño; Acuña se brinda generosamente.  Ese es el mimo Jorge Acuña; quien el sábado 31 de enero, actuó y recibió el homenaje amoroso de los libreros del Jr. Amazonas y del público asistente en el mejor escenario limeño a donde acuden los artistas populares, el teatrín Vargas Llosa.  Una de sus representaciones fue la conocida Sopita del pobre.

Jorge Acuña no se jubila por la sencilla razón de que tiene una vocación que cuando la ejerce está en perpetuo jubileo.  Y como no es un artista mediocre o de moda siempre está vigente y es recordado; como lo recordamos nosotros, luego de más de cincuenta años desde cuando en la plaza San Marín brindaba su arte, es decir, en pleno jubileo compartido.

Jorge Acuña no solo es mimo –y vaya paradoja- sino un maravilloso narrador oral.  En el otrora mítico bar Palermo narró el cuento antologable del profesor Francisco Izquierdo Ríos:  El Bagrecito.  Y hasta los bulliciosos parroquianos enmudecieron asombrados.  Ese bar estaba en la cercanía de la Casona de la universidad de San Marcos.  Ahí concurrían políticos de café y artistas consagrados y en ciernes.

Las ocurrencias y anécdotas de Jorge Acuña son numerosas.  Una de esas ocurrencias fue en Ticlio, el punto más alto de la carretera Central (4818 msnm).  El vehículo en el que viajaba con un grupo de amigos se detuvo unas horas por el exceso de nieve que había caído.  Acuña le solicitó a un amigo que le tomara una foto en la nieve.  Cuando el amigo se dispuso a tomarle la foto, él se desnudó y alzó los brazo.  Tal era su estado emocional que no sintió frío; pese a no ser serrano sino selvático, de Iquitos.  Esa foto la llevaba consigo en su billetera

Motivado por el reciente reencuentro con Jorge Acuña, contaré un suceso insólito que apunta al corazón y del cual fui testigo.  Ocurrió en Casagrande, cerca a Trujillo en plena cooperativización de las negociaciones azucareras por la Reforma Agraria del gobierno del General Velasco.  Entre el grupo de artistas que llegaron para sensibilizar a la población estaba Jorge Acuña.  Ellos ofrecieron funciones en los diversos caseríos y anexos.  En esas circunstancias, observé a un joven del lugar que asistía en primera fila a las presentaciones del mimo y el que con entusiasmo desbordante celebraba sus actuaciones.  Terminada la función, lo seguía como una sombra a todas partes.  Me preguntaba a qué se debía la extrema admiración del joven lugareño por el mimo Acuña y no hallaba respuesta.  Hasta que un día y de improviso tuve la respuesta a mi interrogante.  De casualidad ingresé a una tienducha de Casagrande que fungía de bar y observé en una mesa de un rincón del “bar” al joven lugareño conversar animadamente, entre copa y copa, con el mimo Acuña.  ¡Vaya mi sorpresa!  Sus ojos refulgían por haber descubierto una persona afín y el mimo Acuña se prodigaba con la mejor actuación de su vida.  El joven lugareño era sordomudo.  

Antonio Rengifo Balarezo
rengifoantonio@gmail.com
Lima, Unidad Vecinal N°3, 02/02/15
http://tacnacomunitaria.blogspot.com




Jorge Acuña y Antonio Rengifo:  feliz reencuentro











Antonio Rengifo Balarezo (sociólogo), Hugo Romero Manrique (profesor),
Jorge Acuña Paredes (héroe del pueblo)) y Robinson Ortiz Agama (arquitecto).
Teatrín Vargas Llosa de los libreros del Jr. Amazonas, Lima.










El MIMO y el Minino (Arriba a la derecha)


Fotos: Robinson Ortiz A. (31/01/15)







"Al comienzo cuando salí a la plaza pensé que la calle era el final de todo. No, ahora después de cincuenta años entiendo que la calle es el comienzo de todo. Yo creo que allí se debatirán los problemas que no se pudieron esclarecer en las aulas universitarias y en los salones doctorales."

Jorge Acuña Paredes



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viernes, 27 de febrero de 2015

Mi prima Miriam








Ella siempre me hacía reír. Corrijo siempre me hace reír. Habíamos dejado de vernos un buen tiempo, pero los cuentos y el Facebook han posibilitado nuestro enlace otra vez.

Ella estudiaba en un colegio cerca de su casa y una tarde me dijo: "Una compañera me ha contado que su papá trabaja haciendo todos los cuadernos, y lo hace en su casa". Yo me reí de la ocurrencia de su compañera. Son las historias que se nos imaginan cuando somos niños.

La compañerita no la tuvo fácil. A la semana siguiente una alumna le reclamó:

-Mira, mi cuaderno tiene las rayas cuadriculadas chuecas. Dile a tu papá que las haga derechitas.
-El las hace derechas, lo que pasa es que yo sin querer le empujé la regla que estaba usando.

Hubo otro reclamó:

-Mira mi cuaderno en una hoja tiene un manchón azul.
-Es que mi papá puso un frasco de tinta en la mesa, y yo lo empujé con el codo sin darme cuenta.

La compañerita nunca daba su brazo a torcer. Siempre tenía una respuesta que salvaba la situación y mantenía la fidelidad de su historia: Mi papá hace cuadernos. Hoy recordé el relato, debe ser por que son tiempos de listas de útiles y de clases por empezar, y cada año la misma historia: Colegios que no están aptos para ser usados y a la improvisación se verá la manera de emplear locales alternos. Pobre Perú, siempre al ensayo y error en esto de la educación.

(FIN)
Auror: Carlos Torres


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jueves, 26 de febrero de 2015

Abecedario






Recuerdo cuando mi mamá me compró mi primer abecedario. Era muy sencillo, sin colores ni dibujos. Costó una peseta, osea veinte centavos, que mi mamá tuvo que separar de su escaso recurso. Era un cartón del tamaño de una hoja A4 y estaba impreso por los dos lados. En una cara llevaba las letras en mayúscula. En la otra las letras en minúscula.

En la parte inferior iban los números de un solo dígito en hilera.

Las letras son 29, pero el silabario tenía solo 28 casilleros. Un casillero era compartido por dos letras: La W y la X. Mi mamá me dijo que era porque esas letras no se usaban mucho.

Yo miraba las letras y me decía: Tengo que aprenderlas.

Salí para mi colegio. Era una escuelita sin valor oficial. De esas abundaban por esos años. Una señora daba clases de primeras letras en su casa. Creo los alumnos fuimos 8 niños. La maestra se armaba de paciencia y a cada uno nos enseñaba las letras primeras. Llegué a casa y mi mamá me hizo sentar en un cajón de madera que estaba en un pasadizo adonde llegaba la luz del sol. Aprovechaba la luz para leer mi cartilla y así iba haciendo mis progresos: A, B, C, La letra CH me era complicada. No digamos la Ñ. Llegar a dominar la W, fue como conseguir un doctorado en el abecedario.

Yo cada mañana me iba a mi escuelita. No tenía nombre. Era la escuela de la señora Lucha. Llevaba mi silabario, unas hojas sueltas y un lápiz con su borrador amarrado con pita para que no se me pierda. Todo mi utilaje iba dentro de un bolso de tela que mi mamá confeccionó.

Así empecé. Con mi abecedario que solo tenía letras mayúsculas y minúsculas, sin dibujitos, pero con sus veintinueve letras. Han pasado muchos años, y sigo aprendiendo.

(FIN)

Autor: Carlos Torres


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