martes, 27 de mayo de 2014
lunes, 26 de mayo de 2014
Libros y lectores
Un fuerte ruido me despertó. Encendí la luz, eran las cuatro de la mañana. Me calcé, me puse una bufanda y salí de mi habitación. El ruido había venido del segundo piso.
Mientras subía las gradas me preguntaba que sería lo que produjo semejante ruido. Aparentemente todo estaba inalterado. Mientras caminaba, solo me acompañaba el silencio. Abrí dos puertas, nada. Me dirigí al ambiente de la biblioteca. Con la mano derecha giré la cerradura y abrí la puerta, al mismo tiempo con la mano izquierda accionaba el interruptor de la luz. Lo que vi me impresionó.
Todos los estantes estaban vacios. Los anaqueles donde tenía guardados los archivadores con recortes periodísticos pues estaban vacios también. Abrí tres cajones donde tengo organizado un revistero y mi colección de ejemplares de El Dominical en orden correlativo comprendiendo un periodo de doce años. Pues no estaban.
Sobre la mesa quedaba un único libro de cuentos, de la que sobresalía un pequeño papel a manera de notas. Yo la noche anterior estaba leyéndolo y perfectamente recordaba que no había dejado ninguna anotación.
Con cierto temblor, abrí el libro y leí la nota. Esta decía: "Los libros, hemos decidido salir a buscar otros lectores"
(FIN)
martes, 20 de mayo de 2014
Garabatos
Cada mañana, mi mamá me iba a buscar a la escuelita Jardín de la Infancia No 4 que quedaba en el Parque de la Confraternidad, en Barranco. Ese fue mi primer centro de estudios. Yo vestía un mandil llamado guardapolvo, de color blanco. Mi mamá lo había confeccionado usando la tela de un costalillo de avena, el cual lavó y lavó hasta que quedara con la blancura y tersura de una popelina.
Mi guardapolvo llevaba a la altura de mi corazón el nombre mío bordado en hilo rojo. Yo estaba orgulloso de mi uniforme. Era mi guardapolvo nuevo.
Mi mamá llegaba a eso de las doce del medio día y preguntaba por mí. Ella me tomaba de la mano y partíamos a casa. Mi mamá se hacía acompañar de mi hermanita menor. Creo que yo tenía cinco años y mi hermana cuatro. Ella me dijo una mañana:
-Carlos, ¿qué te enseñaron hoy?
-Garabatos.
-¿Cómo es garabatos?
Yo le mostré el papel que nos daban en el jardín. Era una hoja del tamaño de un cuarto de bond A4. Allí estaba mi garabato realizado a lápiz.
A mi hermana le gustó mi logro. Me dijo que se lo regalara. Se lo entregué. Yo me sentía bien, había aprendido a hacer trazos con el lápiz, aunque estos trazos no tuvieran forma alguna me gustaban. Hoy después de muchos años me recuerdo de la escena. Del día en que pude decir por primera vez: Hoy aprendí algo.
(FIN)
miércoles, 14 de mayo de 2014
La vida según Quino
Amigos de Narracentro, una historia en caricatura del genial Quino. Disfrútenla, aquí va:
Saludos amigos
martes, 13 de mayo de 2014
jueves, 8 de mayo de 2014
Un cuento muy dulce
Esto era una reina que quería dejar de serlo.Un día le dijo al rey:–¿Cómo te sentaría no estar casado con una reina?El le respondió, con la mejor de sus sonrisas:-Mira, con la corona haz lo que quieras; pero tu siempre serás mi reina.Esto sucedió en el Reino de Almíbar, situado en el Valle de los Caramelos, junto al los montes de Regaliz. ¿Dónde, si no?
(Autor: Braulio Llamero)
miércoles, 7 de mayo de 2014
El Fiteca
Todos los años, entre el 1 y el 7 de mayo, Comas vive la fiesta de las artes: El FITECA. Durante una semana, Comas "come" arte. Si el teatro, el mimo, el cine, los títeres, los malabaristas, los magos, los narradores, los cantantes, los caluns, en fin todas las manifestaciones de arte se expresan en el barrio de La balanza.
Recuerdo que la primera vez que asistí quedé
impresionado con la Marcha de los Muñecones. Un niño en silla de ruedas
encabezaba la comparsa, él "viajaba" en la boca de un dragón gigante. El
dragón llegó al escenario y el público reconoció el esfuerzo del
marchante con un atronador aplauso. Vi que al dragón le alzaban desde
dentro uno de sus costados, como quien levanta la falda de un vestido.
Dentro del cuerpo del muñecón dos niños que empujaban la silla de ruedas
del compañero querian "ver" los aplausos y sacaron sus cabezas por
entre los pliegues del dragón. Yo les miraba y un calorcillo invadió mi
garganta. Esos niños empujaban la silla del amigo en un camino de
pendiente y que no estaba asflatado. ellos con su acción me enseñaban
que a pesar de los pesares, es importante avanzar, así sea a contraelviento... y ayer
miércoles 7, después de 7 años de esa experiencia, con mis cuentos y
relatos, fui también parte de esa historia. ¡Viva el Fiteca!
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