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lunes, 27 de octubre de 2014

Hay tantos caminos por andar


"Podríamos decirnos cualquier cosa
incluso darnos para siempre un siempre no
pero ahora frente a frente, aquí sentados
festejemos que la vida nos cruzó".
(Julieta Venegas)



Una canción que gusto de escuchar es: "Andar Conmigo", de la cantante Julieta Venegas. Entiendo fue su primer disco y le reportó mucho éxito, ya que fue número uno por varias semanas en las radios Mexico.

La trama de la canción transcurre en un bar de nombre: Gambler's Saloon. Julieta hace el papel de una novia "varada" que va narrando una historia, e invitando a alguien a que se decida a caminar con ella.

Un tipo se acerca a la novia y con lascivia posa una de sus manos sobre la pierna de ella, quien inmediatamente lo rechaza. Irrumpe un anciano quien no puede con su cuerpo y se desploma sobre la mesa. Mas que ebrio es el peso de sus recuerdos lo que le impide mantenerse en pie.

Hay una mesa en la que un grupo de mujeres disfrutan de la noche. Tal parece que decidieron "andar juntas"... y es que hay tantos caminos por andar.

La novia, declara: "Tengo tantos secretos para darte" y de relatar: "una historia, todavía sin final", anunciando que esa historia comenzará su final cuando alguien se decida a emprender un camino con ella, y ese será el momento del inicio de una nueva historia.

Toda la trama del video, como dijimos al inicio, transcurre en una cantina de nombre Gambler's Saloon, o sea: El Apostador, y es que decidirse a caminar con el otro, es eso: Apostar por el otro. 

Al final, la novia da el si. Su pareja, es una persona mayor. La canción termina en un beso, que es el compromiso de un andar.

Aquí el vídeo:








Saludos amigos. Buen lunes.


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viernes, 24 de octubre de 2014

La muerte




...Y mientras la señora muerte dormía, entré en mi casa y en mis recuerdos, y clarito comencé a entender el mensaje de mi abuela. Me acordé de cuando vine a visitarla, unos meses antes de su partida, ella también había estado gozando de la mecedora: esto es lo que he aprendido de la vida, me dijo. Cuando a alguien ya le toca irse, debe comerse la memoria, ir borrando poco a poco el rastro de los años, y por eso los viejos nos sentamos aquí a olvidar, y a olvidarnos. Y me contó que después de cada siesta la mecedora le comía el recuerdo de un rostro, de una voz o de algún nombre: se me va, se me borra, se hace aire. Justo en ese momento, entendí por qué la muerte se había olvidado del padre Fernando, y comencé a adivinar sus próximos olvidos, y supe que el humor y el amor me vienen de familia, y sentí que alguien me sonreía desde el cielo, y un pájaro se hizo aire y olvido, y entonces el pájaro se fue volando y escuché el murmullo de una apacible siesta en la mecedora, y comencé a pensar lo que le estoy diciendo: por fin he conocido a la muerte, y es toda una dama.


Fragmento del cuento: "La Muerte se confiesa", de: Eduardo González Viaña. Tomado de: "Florcita y los invasores". Editora El Ovalo S.A. Agosto 2009



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miércoles, 22 de octubre de 2014

Imaginación






-Mamá, ya van a ser las cinco.
-Todavía faltan mas de viente minutos.
-Mejor dame ya para ir a ver la televisión donde la vecina. No vaya a ser que se pase el programa.

Partí a la carrera y me ubiqué frente a la pantalla. Doña María era la única que en el barrio tenía televisor. Lo había logrado comprar a golpe de las puntadas que día a día le daba a su máquina Singer con la que confeccionaba faldas y camisas las que vendía a los vecinos. Doña María me dio un vasito de chicha la que bebí de a poquitos para que me durara hasta que sea la hora de comienzo del programa. Más niños llegaban y la emoción crecía. A las cinco se encendió el televisor. Allí estaba ya la cancioncita que anunciaba el programa: Cuentos con títeres. En la sala se escuchó: ¡yeee!

Que bonitos los muñecos. Eran de madera y cuerpo redondeado. Movían su cabecita y agitaban sus brazitos. Corrían por el campo y trepaban las montañas. Ese día la historia iba de un valiente que partía a tierras lejanas buscando una pócima que salvara la vida de la princesa. Cruzaba el valiente un río de aguas torrentosas y atravesaba un desierto. Fuerte viento en los caminos: fiuuuuuu. El avanzaba ya que debía apurarse, sino la princesa podía morirse.

Que valiente el valiente. No tenía miedo ante nada. Consiguió la pócima que estaba en un vaso de oro dentro de una cueva cuya entrada era guardada por un dragón que echaba mucho fuego.

Terminado el programa regresaba a casa. Que feliz era yo, volviendo a mirar la historia en mi imaginación.

Ya de mayor, he asistido a muchas funciones de títeres. He visto muñecos de guante, de boca prestada, de los que el titiritero se pone sobre la cabeza. Títeres de hilo, y también los de sombra que son los que yo se hacer. He visto títeres planos y gigantes como los muñecones. He disfrutado los hechos en papel maché, los confeccionados en goma espuma y los elaborados en tela, pero nunca logré toparme con unos similares a los del programa de: títeres y cuentos.

Hoy es un sábado de abril. Han pasado mas de cuarenta años, y no se porque en este sábado con especial intensidad recuerdo ese programa de televisión. Sí hoy, que es el día de mi cumpleaños. He recibido llamadas y gratos textos en mi cuenta de mail. También he recibido mensajes a mi face, los cuales leo y releo mientras estoy sentado, en casa, escuchando radio. Tocan la puerta, Mingo se agita y ladra. Me acerco a la ventana. Es mi amigo el colombiano Granito. Hágole pasar y el que me entrega un regalo. Le abro, y era un muñeco, igualito como a los que yo veía en ese programa de televisión.

Carlos Torres

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lunes, 20 de octubre de 2014

Ballena



Una Ballena

Salta del mar.

Al cielo va,

volviose nube azul.




Dibujo desarrollado en el taller de: Dibujo y Pintura de la Cámara Popular de Libreros de Amazonas.


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viernes, 17 de octubre de 2014

Palabras detrás del silencio



 





Hay muchas palabras detrás del silencio  

Para un niño de un país que mire al Atlántico, este es un sol que se despierta. Para los niños del Perú, este es un sol que se va a dormir. Que bueno que es el sol con los niños del planeta, ya que si en un lado se acuesta, en el otro se despierta y regala su compañía. Es un sol bueno para todos y entrega su trabajo sin distinción de credo, etnia o religión. 
El sol duerme, pero hace obra.


(Dibujo del Taller de Pintura y Dibujo impartido en el Campo Ferial Amazonas de la Cámara Popular de Libreros)


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jueves, 16 de octubre de 2014

El Péndulo


Siempre es posible volver a empezar.



 




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miércoles, 15 de octubre de 2014

La cima

 




Perdón por la ligereza amigo Vincent, pero esta pintura se me antoja que tiene tu sello. Yo ignoro sobre técnicas, sobre escuelas o corrientes. No se si este será puntillista o post-impresionista. Sólo se que me gusta. Y algo de usted tiene don Vincent. El cielo está oscuro y con color de pronta lluvia. No obstante el sol hace pelea y los colores del campo se mantienen. 

En la cima, los árboles miran, los días por venir.


(Dibujo del Taller. Dibujo y Pintura, del Campo Ferial Amazonas, de la Cámara Popular de Libreros)

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lunes, 13 de octubre de 2014

Flores


A veces me ponía triste, entonces caminando me iba al Parque Salazar en Miraflores. Me gustaba observar unos árboles que yo les llamaba palmares. Recuerdo que eran cuatro y que miraban el mar. Yo me ponía a su lado y entonces los cinco contemplábamos el horizonte. Era muy bueno. La visión y la compañía se tragaban mi tristeza.
Ya repuesto, partía. Me despedía de mis amigos que habían tenido la bondad de escucharme sin preguntar que me sucedía.La visión de este dibujo, me trajo a la memoria a ese jardín de árboles con vista al mar.





(Dibujo del Taller de Pintura y Dibujo impartido en el Campo Ferial Amazonas de la Cámara Popular de Libreros)




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domingo, 12 de octubre de 2014

Mirando a las estrellas






Era una tarde verano del año de 1958. Ronald, un niño de nueve años, caminaba de su casa a la biblioteca estatal de su distrito en Carolina del Sur, Estados Unidos. Atravesó la puerta de la biblioteca sin tomar atención a un letrero. Miró los anaqueles. Los lectores lo observaban con desaprobación.

Ronald cogió dos libros y se fue al mostrador de la bibliotecaria quien con tono fuerte le dijo: "¿No viste el letrero de la entrada?, dice: No se admite gente de color"

El niño insistía en su propósito, quería sentarse a leer los dos libros. La bibliotecaria llamó a dos agentes de la policía. Ellos al ver al causante del disturbio, pues se sintieron desubicados. El niño apretaba los dos libros contra su pecho. Al parecer no había salida. De pronto uno de los policías hizo la propuesta salomónica : "Deje que el niño se lleve los libros a su casa", y así fue.

No fue esa la única tarde, vinieron muchas más. Ronald leía y leía, sobre todo libros de astronomía y de viajes espaciales. Ya de mayor, estudió física en la Universidad, y posteriormente obtuvo un doctorado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Se convocó a una plaza para astronauta en la NASA y Ronald E. McNair logró el puesto y se convirtió en un astronauta negro, o mejor diré afroamericano. Participó en un vuelo y por su desempeño fue seleccionado para tripular el Transbordador Espacial Challenger.

El Challenger, alzó vuelo. Millones lo miraban surcar los aires, para después en un instante ver como estallaba en mil pedazos. Murieron Ronald y sus cinco compañeros. Ronald volaba ahora a las estrellas, donde no hay carteles que impidan el paso por el color de piel que tienes.

La biblioteca de Carolina del Sur, aquella a la que de niño asistía el astronauta, lleva a hora por nombre: Biblioteca Pública Ronald E. McNair

(FIN)


Para este relato usé como fuente la información de: Cuaderno de Cultura Científica, texto de Javier Peláez.



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viernes, 3 de octubre de 2014

Recuerdo


¡Apúrate Carlos que ya vamos a partir!

Dijo mi madre. 

Mi familia eran mi mamá, mi hermana de siete años y yo de ocho, y ese día íbamos por la cuarta mudanza del año. Nuevamente cambiábamos de casa. Partimos. Yo portaba una pequeña maleta que mamá quería mucho. Siempre tuve la curiosidad de saber que guardaba esa maleta. Tenía cerradura de llave y no me era posible abrirla.

Un día, la llavecita quedó en la cerradura. Abrí para mirar el contenido. No había nada.

-Mamá, esa maleta no tiene nada.
-Fíjate bien. Allí voy poniendo los recuerdos de las casas en que hemos vivido.

Han pasado cincuenta años, mi mamá está ahora en el mundo espiritual. Tengo la maleta conmigo, y siento que cada día que pasa, pesa más.

(FIN)






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