Soy Narrador. Para funciones y presentaciones, contactarme al fono 996583864, o escribir a: ctorres1000@yahoo.es

lunes, 31 de marzo de 2014

Microcuentos


EL HOMBRE INVISIBLE


Aquel hombre era invisible, pero nadie se percató de ello.


(Gabriel Jiménez Emá)





LA ÚLTIMA CENA


El conde me ha invitado a su castillo. Naturalmente yo llevaré la bebida


(Ángel García Galiano)






E-MAIL




(Cuca Canals)






CRUCE


Cruzaba la calle cuando comprendió que no le importaba llegar al otro lado.

(Arturo Pérez Reverte)





FIN




domingo, 30 de marzo de 2014

Un creyente





Al caer la tarde, dos desconocidos se encuentran en los oscuros corredores de una galería de cuadros. Con un ligero escalofrío, uno de ellos dijo:

-Este lugar es siniestro. ¿Usted cree en fantasmas?

-Yo no -respondió el otro-. ¿Y usted?

-Yo sí -dijo el primero, y desapareció.

(FIN)

AutorGeorge Loring Frost


miércoles, 19 de marzo de 2014

Amor secreto









Se conocieron en un barrio marginal al norte de los Estados Unidos. A pesar de que no sabían nada del amor adulto, solo al verse supieron que algo mágico acababa de pasar. El, lo deberíais ver, era un niño con cara de pillo y gorra piel siempre mal puesta, y ella una verdadera princesa. Acordaron que cada jueves se encontrarían en el parque para pasar la tarde juntos, y así lo hacían cada semana, lloviera, saliera el sol, o nevara. 

Y pasaron los años, y la vida es a veces complicada. Se hicieron adultos. El, músico, contrabajista de una banda de Jazz del barrio, y Ella seguía jugando en la calle, pero de otra manera, y los jueves tenían encuentros secretos. 

Encuentros secretos de amor, y es que el suyo era un amor secreto. También es verdad que el manager que mandaba el grupo de Jazz,  nunca le dijo nada al músico por no aparecer al ensayo de los jueves. 

El suyo era un amor secreto, también es verdad que el granuja que la vivía a ella nunca le pidió el dinero el jueves por la noche. 

El suyo era un amor secreto, también es verdad que aquella mujer que alquilaba habitaciones en aquella pensión de mala muerte siempre ponía el mejor perfume para cuando llegaran ellos dos, y ponía también almohadas bordadas a mano.  

El suyo era un amor secreto, también es verdad que los policías que vigilaban las aceras, se encargaban de que ningún hombre se acercara a aquella mujer los días jueves, y el músico sea el primero y el único. 

El suyo era un amor secreto, también se cuenta que los taxis amarillos de la ciudad evitaban pasar por delante de aquella pensión por no molestar con el sonido de los motores, lo que allí adentro se vivía. 

El suyo era un amor secreto, pero era el amor de todo un barrio, de toda una comunidad y desde hoy si lo quereís, también de todos vosotros.


Jordi Puntí, nació en Manlleu en 1967. Es considerado una de las voces más conocidas en la narrativa catalana.

lunes, 17 de marzo de 2014

El anciano que podía mover montañas







Un anciano, llamado el tonto tenía noventa años de edad y vivía en una casa que estaba al frente de una montaña. Cuando salía de su casa debía subir y bajar la montaña, y eso a la par de disgustarle lo dejaba muy cansado. Un día dijo a su familia: "Ustedes y yo nos pondremos a trabajar con todas nuestras fuerzas y nivelaremos un paso que nos lleve a través de la montaña". 

Se alejó entonces con tres de sus hijos y nietos que pudieran llevar cargas, y comenzaron a romper las rocas y cavar la tierra, llevándolas en canastas al extremo del valle Puhai. 

El sabio Hochu se río del anciano y trató de disuadirlo diciendo: "¡Que tonto sois! Con toda la fuerza y años que os quedan, no podréis ni siquiera arañar la superficie de la montaña" El viejo tonto de la montaña, dio un largo suspiro y dijo: "Solamente es vuestra mente la que no está de acuerdo; una vez que teneís la mente dispuesta nada puede pararos. Cuando yo muera quedarán mis hijos (para continuar el trabajo), y mis hijos tendrán a su vez hijos, y los hijos de mis hijos tendrán hijos, y a su vez los hijos de los hijos de mis hijos tendrán hijos, y así por generaciones. Y aunque mi descendencia continuara y aumentara, la montaña no crecerá en tamaño. ¿Por qué no podrá ser nivelada algún día?"

El sabio no pudo contestarle.


domingo, 16 de marzo de 2014

Esperanza









Esperanza vivía en Barcelona y hace ya casi treinta años conoció a Juankar, un chico de Tolosa. Por aquel entonces ella tenía pareja en Barcelona, pero no pudo evitar enamorarse con toda la locura de Juankar. A él le pasó lo mismo. La juventud, o quizá la falta de experiencia, frenaron a Esperanza, que no se atrevió a seguir el impulso de dejarlo todo e irse a vivir con Juankar. Pasaron los años. Ella siguió viviendo en Barcelona y tuvo una hija de su pareja. Él siguió viviendo en Tolosa, excepto una temporada en la que estuvo en Madrid. Se veían una o dos veces al año. Tiempo después Esperanza rompió con su pareja y decidió ir a vivir con Juankar. Ya era tarde. A él le diagnosticaron leucemia. Aunque la amaba con todas sus fuerzas no quiso que viera su deterioro físico y su sufrimiento. Le pidió que le dejara. Ella no se lo pudo negar. Juankar murió poco después

Esperanza, enterada de que una película se iba a filmar en Tolosa, le pidió a Carlos (uno de los actores) y "amigo" de Facebook a quien no conocía físicamente, que le llevase unas flores y además leyera el poema Elegía de Miguel Hernández. Carlos dijo que sí. Aprovechando un hueco en el rodaje contactó con Gorka una florista a quien Esperanza, por teléfono, le había encargado el ramo. Gorka adornó aquel ramo regalándole una cinta con las palabras “Para siempre". Para llegar al cementerio, Carlos desde una estación tomó un taxi. Le pidió al taxista, ya en la sesentena y con el pelo totalmente blanco, que le acompañase a dejar unos claveles rojos y que por favor, le grabase en vídeo con su celular mientras depositaba las flores en la tumba de Juankar y le leía la Elegía. Lo hizo. El taxista preguntó por la historia. Carlos se la contó. Los dos se emocionaron mucho. Cuando le llevó de regreso a la estación y ante la pregunta de. ¿Cuánto le debo?, miró, sonrió y dijo: “Yo también quiero contribuir a una historia de amor tan hermosa como esta. Déjame hacerlo con mi trabajo” Y se negó a cobrar.

Una historia así donde el amor es capaz de hacer que varias personas que no se conocen se emocionen y sean capaces de crear, juntas, algo tan bello, solo puede suceder cuando se dan unas circunstancias muy especiales que lo propician. En este caso fue la determinación y la iniciativa de Esperanza la que, superando su dolor, puso a todos en marcha.

(FIN)

Texto tomado y editado del blog: La Placenta del Universo

viernes, 14 de marzo de 2014

Los Shapis Cantan







Goyo y yo estábamos de fiesta chicha. A una cuadra del local ya se escuchaba: "...en mi tallercito la conocí...". Nos acercamos a la puerta. Un hervidero de gente pugnaba por ingresar. Sentí que me metían la mano al bolsillo, era un lance. Gajes del oficio me dijo Goyo. Unos vigilantes revisaban las ropas de los asistentes, seguro para descubrir si se portaba algún objeto para uso no santo. Ya en el salón de baile mi compañero me dijo que los revisadores no se dieron cuenta de que llevaba una "chanfaina", porque según sus palabras: nunca se sabe.






Más de trescientas personas bailaban al compás de la música, en el escenario se encontraba un conocido vecino de El Agustino, su nombre: Tongo y su grupo imaginación; "...aprendí a robar desde muy pequeño...". De saque mi amigo encontró pareja de baile, yo todavía esperé dos canciones, y empecé a gozar de la chicha. Con los dedos índices extendidos hacía evoluciones como queriendo "pinchar" el aire. Movía los hombros y los pies, pero a veces me salían pasos de salsa. A mi alrededor veía eufóricas parejas danzando: "Cartero por favor, entrégale esta carta, cartero por favor y dile que yo la quiero". 







Vi dos soldados vestidos de uniformes, venidos del cuartel Barbones, que bailaban con una pareja de "churrupaquitas". El ritmo seguía subiendo. Era el clímax. De pronto: ruidos de botellas rompiéndose. Recordé que estábamos en Santoyito, el barrio de sal si puedes, así que con mi pata Goyo, a la carrera fuimos hacia la puerta. Dos chicas corrían junto a nosotros. Les ofrecimos nuestra compañía, y ellas después de mirarnos de pies a cabeza nos contestaron que se bastaban solas. La verdad que nosotros teníamos aspecto de "lentos", nos faltaba ese no se que de los auténticos "achorados". 

Mientras tanto en la calle, dos grupos se pusieron frente a frente, casi como legionarios de ejército espartano. Se agarraron a golpes, putamadrazos, palazos, botellazos y piedrones. En medio nosotros sin poder salir y con el temor que nos confundieran como miembros de algunos de los grupos. En un respiro del combate nos alejamos a la carrera.

Caminábamos por la Riva Aguero. Goyo me decía que a él le gustaban las canciones de la Princesita Mili del grupo Pintura Roja. Al pasar por "La Clínica" una radiola tocaba: "casita de pobres, hay disculparán, aquí solo reina la sinceridad". Alcé los ojos al cielo, iré a los cerros llenos de casas y me parecía ver que bailaban. Pensé: no será cierto eso que dicen los chicheros "cuando Chacalón canta, los cerros bajan".


(FIN)

Revista SIEMPRE. Año 1985


jueves, 13 de marzo de 2014

Celofán Rojo







El hombre había recorrido todo el local

-Quiero que lo hagan como lo hace mi mujer, gritaba desaforado.

Desde el umbral de sus puertas, las chicas lo llamaban y le describían las más exóticas formas. Pero el hombre movía la cabeza y volvía a repetir su deseo.

Después de media hora el hombre se disponía a partir, pero su intención fue cortada por dos fornidos morenos. Al minuto la propia "mami" estaba frente a él. Mirándolo fijamente a los ojos le dijo:

-Mi querido amigo, de aquí solo podrás salir cuando me digas cómo lo hace tu mujer.

El hombre sin bajarle la mirada le contetó.

-Lo hace gratis.



(Houdini Guerreo. Revista Némesis de Literatura - Arte y Cultura. Año 1. No 2)

Ilustración: Fuente Wikipedia.

miércoles, 12 de marzo de 2014

¿Sabes qué?









¿Sabes qué?
Esta noche
Asomado a la ventana
Veo la luna
Como si fuera el ojo de una cerradura
¿Y sabes qué?
Me empino con la punta de mis pies
Con la ilusión
De pegar mí ojo a la luna
Y a través de esa cerradura
Contemplarte dormida
En tu alcoba del espacio




(Jairo Anibal Niño. Poeta colombiano)

martes, 11 de marzo de 2014

Un hermoso regalo








Ese día en la escuela se iba a celebrar el cumpleaños de la maestra de una escuela en el África. Yumina, se acercó y dijo:

-Tome maestra, esto es para usted.
-Gracias Yumina.

La niña le había dado de regalo una hermosa caracola de mar. La maestra le preguntó donde la había encontrado.

-En la playa de Zanzíbar maestra.

La maestra se conmovió profundamente porque sabía que Yumina había caminado muchos kilómetros para buscar a la caracola.

-No debiste caminar tan lejos para traerme este regalo Yumina.

la niña sonrió y contestó:

-Maestra la larga caminata, también es parte del regalo.

De: radialistas.net





lunes, 10 de marzo de 2014

El Cocuyo y las Estrellas



Este era un Cocuyo muy pequeñito. Durante las noches gustaba de mirar al cielo para ver a las estrellas. El decía: "Las estrellas son mis hermanas. Que lindas lucen, todos las admiran. En cambio mi luz es muy pequeñita y se pierde en la inmensa oscuridad de la selva."
Una noche el cocuyo sintió tanta envidia de las estrellas que decidió echarse a volar para alcanzarlas, y para esto preguntó a una sabia ardilla la manera de poder llegar a las estrellas. Esta le respondió que no sabía de algún camino que llevara al cielo, pero le señaló un inmenso árbol y le sugirió que se suba a su rama más alta, de seguro esta debe estar ya cerca del cielo.

Muy alegre el cocuyito se echó a volar en dirección al árbol. Revoloteando llegó hasta la rama más alta, solo para comprobar que desde allí, las estrellas se veían todavía muy lejanas. El Cocuyito, comenzó a llorar: "Nunca podré ser una estrella."


Su llanto no hubiera acabado a no ser porque un pequeño gorrioncito le decía a su mamá: "Mira mamá, una estrella se ha posado en la rama, arriba de nuestro nido."
  
El Cocuyito se estremeció de contento. El también podía ser una estrella. De esta manera dejó de envidiar a las estrellas, y todas las noches iba a encender su lucecita sobre el nido de los gorriones.

-Mira mamá, ya se prendió nuestra estrella (dijo el gorrioncito)
 
El cocuyito se sintió feliz toda su vida.



Cocuyo, insecto bio-luminiscente

  
(Cuento original de Renato Agagliate, venezolano.)