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martes, 29 de enero de 2013

El Dinosaurio


"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí."

(Tito Monterroso. Publicado en: Obras completas y otros cuentos año 1959)



Es el cuento más corto del mundo. Consta de tan solo siete palabras. Claro ahora hay un microrelato mas corto aún: El emigrante, pero para mi, siempre será este de Monterroso, el que se lleva la palma.

Cuenta una historia, que Tito Monterroso compartía habitación con Augusto Durán en Mexico. Durán, era un empedernido conquistador y era apodado: El dinosaurio. El solía llegar muy tarde a la habitación, y despertaba a Tito, para contarle su última aventura amorosa. 

Las charlas eran largas e interminables. Tito se quedaba dormido. Durán ni se daba cuenta de ello. El seguía en su hablar. Tito después de mucho rato, despertaba y Durán continuaba con su relato. Dicen que de allí viene lo de:



"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí."



Escenificación en Teatro de sombras de: El Dinosaurio



Aquí un video del festival de títeres Muñecomas, donde puede apreciarse una fracción de: El Dinosaurio (Atención al minuto 2:00)

 



Tito


Un domingo por la tarde, me senté en el muro exterior de mi casa. Destapé una cerveza y me puse a leer un artículo de Tito Monterroso acerca de la presentación en España de un libro suyo. Eran como las cuatro.

Tito, contaba que estaba descontento con la manera en que se desarrollaba el evento. Había un ambiente de apatía tanto entre los miembros de la mesa de conducción, como en el público asistente. De pronto, nadie sabe de donde, se apareció un chucho, que caminó por el pasadizo del teatro concitando la atención de todos. Subió las gradas del escenario y terminó por perderse entre el cortinaje. Yo en ese momento de la lectura, alcé la mirada del periódico, miré hacia la calle, y justamente un chucho pasaba en lento caminar.

Nuévamente a la lectura. Tito comentaba que a pesar de sus esfuerzos, el clima de apatía seguía en el ambiente. Le tocaba tomar la palabra al director del teatro. El comenzó con sus saludos, pero he aquí que el chucho sale del cortinaje, baja las gradas y vuelve a desplazarse por el pasadizo. El público seguía con atención la caminata del animal, hasta que finalmente este salió de la sala.

Nuevamente, hice yo un alto en mi lectura. Vuelta a levantar la mirada, y el chucho que había pasado de izquierda a derecha hace unos minutos, hacía ahora frente a mi, el camino inverso.

Comprendí que no estaba solo leyendo a Monterroso, estaba viviéndolo.

Nota: Chucho, acepción coloquial para perro en Centroamérica.

martes, 22 de enero de 2013

La Página en blanco


Hola, buen día amigos lectores...

Que rápido pasan los días, sólo anteayer decíamos Feliz Año Nuevo y ya nos acercamos a las finales de enero.

Por otro lado, pasa un día mas y no tengo nuevo post para compartir con mis lectores.
Digo...experimiento lo que un autor siente cuando no le vienen las ideas y está con la hoja en blanco...bueno en mi caso, diría: con la pantalla en blanco.

No es que me falten temas sobre narraciones, pero esperaba un poco mas de comentarios por parte de los lectores...digo aprender también de ellos.

Y esto que les cuento, como que desmotiva...no es una queja, ya que un blog, es un blog...alguién cuelga un artículo y otro alguien lo lee y si le parece opina. Se genera entonces una comunicación, que es para mi, la esencia de la Internet, el interactuar, el romper barreras, el compartir.

Nuevamente, no es una queja...total, tengo la libertad de escribir, que no es poco decir.

Ayer caminaba por las calles del centro de Lima...no es que me sienta viejo, pero recuerdo que no hace muchos años se podía caminar por la ciudad sin sobresaltos. Ahora, uno tiene que cuidarse de los otros transeuntes, de los vehículos, del ruido, del humo.

Ayer iba a cruzar el jiron Carabaya. Un chofer de esos ya raros, detuvo el auto para que pasaran los transeuntes. El auto, estaba volteando en una esquina hacia a la izquierda, para ingresar a jirón Carabaya... tenía las luces de indicación de giro encendidas (cosa muy rara en los automovilistas)... los transeuntes, tenían la luz del semáforo a su favor. El auto era cortés, ya que esperaba a que el transeunte pase. Otro auto, que venía detrás del auto "cortés", comenzó a tocar el claxón... este auto, también iba a girar hacia Carabaya, no tenía encendidas las luces de indicación de giro... este auto era descortés.

Subí a una combi para ir a casa. El cobrador era una señora, o sea era cobradora. Una de las llantas de la combi, se estaba quedando sin aire. El chofer ordena a la cobradora: Ya no recojas mas gente.

Yo me puse a pensar: Será que la gente, está tirada en las calles y que la combi, pasa y las recoge.




(Tomado de: aldeaeducativa.com)

 
Los pasajeros sentíamos que el vehículo como que hacía saltos de un lado... era que la llanta, definitivamente se había quedado exhausta, sin aire... es decir, ya no respiraba. A la carrera el chofer encontró un grifo con manguera suficientemente larga para dar aire a la llanta exhausta.

La cobradora y el chofer, bajaron de la combi. El chofer conectaba la manguera de aire a la llanta, mientras la cobradora, comenzaba a mecer el carro... que tal fuerza... terminada la operación, la cobradora comenzó a patear la llanta recientemente inflada... digo: ¿será como la palmada a los recién nacidos?

Pregunté por lo del bamboleo y lo de las patadas. La cobradora me dijo: "Tuve que inclinar el carro, para que el aire pueda entrar en la parte baja de la llanta (la que está en contacto con el suelo), es que estaba muy desinflada y el aire no entraba. Después para comprobar la presión, le di de patadas a la llanta.

Ya en casa, me dije: La de cosas que se aprenden aun en los lugares menos esperados... aprendí la cortesía de un chofer, que le da pase preferencial a los transeuntes y aprendí también de la pericia de una cobradora.

Bueno... hasta allí en mi post, que no quizo ser un post.

Saludos

lunes, 21 de enero de 2013

Oliverio Girondo


La pelota que arrojé
cuando jugaba en el parque
aún no ha tocado el suelo.
(Dylan Thomas)



Era la tarde de un sábado de enero. En una galería de libros, una chica de falda floreada y de verdes tonos, iba preguntando en todos los puestos, por un libro de Oliverio Girondo. Jesús, el vende libros de Quilca,  tiene su negocio al final de la galería. Hasta allí llega ella, y ante la pregunta, el librero dice: Por ahora no tengo nada de ese autor.

Yo tercié en el diálogo y le dije a la lectora de cabellos dorados: 



No sé, me importa un pito que las mujeres 
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; 
un cutis de durazno o de papel de lija. 
Le doy una importancia igual a cero, 
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco 
o con un aliento insecticida. 
Soy perfectamente capaz de soportarles 
una nariz que sacaría el primer premio 
en una exposición de zanahorias; 
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, 
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.




Ella me miró y preguntó: “¿Te gusta la poesía de Girondo?”

Yo le dije: sí.

En el acto, la del verde y florido vestido, me señaló su cuello, diciendo: "Aquí me he tatuado 'No les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar'.

Yo no me acerqué a leer todo el largo del verso en ese papel piel. Alcancé sí, a ver las palabras: “No les perdono”.El resto del texto, se adentraba bajo la blusa de ella.

Mi hemisferio izquierdo, le preguntaba a mi hemisferio derecho: ¿Por dónde estará escrita la palabra: “volar”?

Le comenté que hay un libro en edición crítica con toda la poesía de Girondo y que si mal no recordaba fue editado por la Biblioteca Nacional del Perú. Edición de lujo, en fino papel cebolla.

Conversamos sobre la película: El Lado Oscuro del Corazón. Me contó que la había visto varias veces, y que le gustaba esa alegoría de "Cruzar el puente".

Jesús le informó sobre un local, donde podían tener el libro. Ella y yo nos despedimos. Partió. En ese momento, el sol alumbró con fuerza y se coló en el local una llamarada de luz.  Era el guiño que don Oliverio me hacía, en enero, un sábado por la tarde.



Buen día Princesa





Me olvidaba decirte, que tengo unas ganas de hacerte el amor que no te puedes imaginar, pero esto no se lo diré a nadie, sobretodo a ti.
Deberían torturarme para obligarme a decirlo.
Que quiero hacer el amor contigo, no sólo una vez, sino cientos de veces, pero a ti no te lo diré nunca, solo si me volviera loco te diría que haría el amor contigo aquí, delante de tu casa, toda la vida.



(Declaración del Príncipe Guido, en la película: La Vida es Bella)


Nota: La foto que acompaña a la entrada es de Tornameza, Carretera Central, Huarochirí - Perú.

sábado, 19 de enero de 2013

Álgebra y Aritmética




Any, era la chica mas bonita del grupo. Un día, ella me invitó a su casa. Yo me dije: ¿Que oración hice?.

Resultaba que se acercaban los examenes de ingreso y pensó en mi para un refuerzo en álgebra y aritmética. Así que acordamos un horario, y dale con las ecuaciones de incongnitas múltiples y la solución de problemas de proporciones.

Ella ingresó, y yo recibí esta propuesta: "¿Me llevas al cine?"

Me preparé. Así que salimos. Ella vestía una falda azul, como el color del cielo. Yo caminaba contento, estaba en el cielo.

Cerca del cine, sobre la vereda, habían unos autos estacionados. Para evitar que ella se rozara, yo me pegué a uno de los autos, pero con tan mala suerte, que sin darme cuenta, un filo del parachoques "picó" mi pantalón. Caminé y se rasgó todo el largo de la pierna. Mi pantalón quedó como una falda. Ella me miró y se molestó. La acompañé hasta un restaurante, pedí una gaseosa y le dije: espérame aquí.

Salí a buscar como arreglar la descostura. Era domigo por la tarde. Me sugirieron ir a un mercado y que allí encontraría una costurera. No había. Compré un pantalón... menos mal tenía dinero. Regresé. La función de las 4 ya había empezado. Esperamos hasta las 7. Yo ya no tenía dinero extra. Solo para las entradas y el bus de regreso. Nada de taxi.

Llegamos a su casa muy tarde. Me llamaron la atención. Nos despedimos... ya no hubo mas clases ni tampoco encuentros.

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